Amor
Zhang Ailing
traducción de Rosario Hubert
Esto es verdad.
Era una chica de provincia, de familia de buen pasar. Se convirtió en una joven preciosa, con muchos pretendientes, aunque ninguno correspondido. Ese año tenía solamente quince o dieciséis años; era una noche de primavera; estaba apoyada sobre el portón trasero y con una mano acariciaba el duraznero. Siempre recordaría que vestía una blusa celeste. Había un chico que vivía del otro lado de la calle con el que se habían visto, pero jamás saludado. Él se acercó, no muy lejos del portón paró y dijo suavemente: “Hey, ¿vos también estás acá?” Ella no abrió la boca, él tampoco volvió a hablar; durante unos instantes se quedaron ahí quietos y luego cada uno se fue por su lado.
Eso sería todo.
Más tarde, unos parientes la secuestraron y la vendieron como concubina en otra ciudad, donde cambió de dueño varias veces. En medio de incontables acontecimientos traumáticos cada tanto recordaba, incluso mencionaba, ese episodio del pasado, una noche de primavera, bajo el duraznero al lado del portón, ese chico.
Entre los cientos de personas conocidas y años de obstáculos sin tregua, tarde o temprano al encontrarse nuevamente no habría nada más que decir sino un simple: ”Hey, ¿vos también estás acá?”
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