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	<title>the Buenos Aires Review &#187; New York</title>
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	<description>Arts &#38; Culture</description>
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		<title>Ada Limón</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2015/02/ada-limon-2/</link>
		<comments>http://www.buenosairesreview.org/es/2015/02/ada-limon-2/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Feb 2015 18:59:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p></p>
<p style="text-align: right;"> traducción de Belén Agustina Sánchez</p>
<p>El Problema con Viajar</p>
<p>Cada vez que estoy en un aeropuerto,
pienso que debería drásticamente
cambiar mi vida: Matar las cosas de niños,
empezar a portarme según mis números, prender fuego
al desorden y reptar por debajo
del radar como un canino que escapó
escabulléndose a lo largo de la cerca.
Estaría tejida en ochos hasta el cuello,
hermosa más allá de compra, confiaría
en el creador y arreglaría mis problemas
con rezos y propiedad.
Luego, pienso en vos, en casa
con el perro, el campo lleno
de brotes púrpuras—somos pequeños
y defectuosos, pero yo quiero ser
quien soy, yendo donde
estoy yendo, todo de nuevo.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Reporte de Accidente en las Altas, Altas Hierbas</p>
<p>A mi ex lo pisó un colectivo.</p>
<p>Me escribió en un mensaje de texto para decirme esto.
____¿Ahora sí me vas a hablar? Me pisó un colectivo.</p>
<p>Hasta me mandó un link a las imágenes borrosas en las ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2015/02/ada-limon-2/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Ada-Limón.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5463" alt="Ada Limón" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Ada-Limón.jpg" width="527" height="527" /></a></p>
<p style="text-align: right;"> <em>traducción de Belén Agustina Sánchez</em></p>
<p><strong>El Problema con Viajar</strong></p>
<p>Cada vez que estoy en un aeropuerto,<br />
pienso que debería drásticamente<br />
cambiar mi vida: Matar las cosas de niños,<br />
empezar a portarme según mis números, prender fuego<br />
al desorden y reptar por debajo<br />
del radar como un canino que escapó<br />
escabulléndose a lo largo de la cerca.<br />
Estaría tejida en ochos hasta el cuello,<br />
hermosa más allá de compra, confiaría<br />
en el creador y arreglaría mis problemas<br />
con rezos y propiedad.<br />
Luego, pienso en vos, en casa<br />
con el perro, el campo lleno<br />
de brotes púrpuras—somos pequeños<br />
y defectuosos, pero yo quiero ser<br />
quien soy, yendo donde<br />
estoy yendo, todo de nuevo.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p><strong>Reporte de Accidente en las Altas, Altas Hierbas</strong></p>
<p>A mi ex lo pisó un colectivo.</p>
<p>Me escribió en un mensaje de texto para decirme esto.<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span><i>¿Ahora sí me vas a hablar? Me pisó un colectivo.</i></p>
<p>Hasta me mandó un link a las imágenes borrosas en las noticias.<br />
Nunca quise ver que él se haga daño, o mirarlo.</p>
<p>Oh tal vez una pequeña infestación de cucarachas.<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>Pequeños aliens por todas las limpias, engañosas mesadas de su vida.</p>
<p>Mi ex, algunos exes antes que ese, murió<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>de una sobredosis de heroína.</p>
<p>Después de que alguien te lastima, es fácil imaginarlo<br />
a él perdiéndose en el fondo de la trama de venganza de la película mala.</p>
<p>Es el chiste, ¿no? <i>Ojalá que te pise un colectivo.</i><br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>Juro que nunca lo pensé. Ningún germen de desviación de transporte.<br />
Ninguna manipulación de los grandes cables de freno universales.</p>
<p>Yo quería este buzón oxidado,<br />
acá en el último rincón del mundo, este hombre, y este perro,<br />
un poco de dinero de vez en cuando, algunas buenas noticias.</p>
<p>Soy el bicho escondido en las altas hierbas,<br />
prendiendo fuegos que nadie puede ver.</p>
<p>*</p>
<p>Cuando nos mudamos hasta acá juntos, me la pasaba disculpándome<br />
por todo, como un pobre huérfano en la película sobre mi vergüenza.</p>
<p>Él tenía que decirme que parara. Y por días, (¿tal vez semanas?)<br />
lo escucharía en mi mente y tendría que mantenerlo ahí,<br />
atascado como una cucaracha bajo un vaso,<br />
esperando a alguien más valiente para matarla.</p>
<p>Mayormente, disfruto mis fracasos. Hasta que no lo hago.</p>
<p>En el texto de mi ex acerca del colectivo, él suena casi gracioso.<br />
<span style="color: #ffffff;">_____</span>Tipo no es irónico que me pisó un colectivo, cuando todo lo que siempre quise era<br />
desaparecer sin un rastro.</p>
<p>*</p>
<p>Cuando el avión bajó en San Francisco,<br />
pensé en mi amigo M. Él está obsesionado con accidentes de avión.</p>
<p>Él memoriza los detalles de metal destrozado,<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>los claros y frescos cielos cortados por negras cicatrices de humo.</p>
<p>Una vez, mientras manejaba, me habló acerca de todos los accidentes:<br />
Ese en Kentucky azul, en Iowa amarilla.</p>
<p>Cómo la gente sigue adelante, y cómo la gente no.</p>
<p>Era casi un año antes de que me enterara<br />
de que su hermano era un piloto.</p>
<p>No lo puedo evitar,<br />
amo la forma en que los hombres aman.</p>
<p>*</p>
<p>Yo solía simular mucho. Soy muy buena en eso.</p>
<p>Compré un teléfono rotatorio de color maíz cremoso<br />
y era tan fabulosa.</p>
<p>Me sentaría y te contaría acerca de mi teléfono, pero la verdad era<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>que no funcionaba muy bien. Me hacía no querer hablar con nadie,<br />
sino estar en una imagen, sosteniendo el teléfono, simulando hablar.</p>
<p>Eso no es diferente a algunas de las personas que dije amar.</p>
<p>Prefiero contarte acerca de ellos, extraño, en palabras calientes<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>que arrastrar más cerca los fríos satélites para calentarme.</p>
<p>*</p>
<p>Imagino las entrañas de mi ser a veces—<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>parte hembra, parte macho, parte dragón terrible.</p>
<p>Lo que vi en los hombres que vinieron después,<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>a veces no quiero decir esto en voz alta,</p>
<p>era alguien a quien podría acercar a mi oído<br />
y escuchar el océano, algo en lo que podría decir mi nombre,<br />
y tenerlo devuelto en las negras olas.</p>
<p>*</p>
<p>¿Por qué estamos forzados a vivir juntos en espacios tan pequeños?<br />
<span style="color: #ffffff;">____</span>Esta vida en una vaina.</p>
<p>Recuerdo una vez, mi ex y yo, manejando en su camioneta.<br />
Él señaló a su ex mujer caminando.</p>
<p>Ella se veía como yo—no su sombrero azul, o su pequeñez,<br />
pero cuán deliberadamente estaba alejándose del vehículo que iba a toda velocidad.</p>
<p>Ahora, hay una retorcida tormenta de verano afuera,<br />
y no deseo nada más que esta tormenta que venga.</p>
<p>La voz calma en la TV nos dice que nos mantengamos a salvo.<br />
Dice, <i>Manténganse a salvo y busquen refugio.</i></p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p><em>Imagen: Stacia Brady</em></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Vincent Toro</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/vincent-toro/</link>
		<comments>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/vincent-toro/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 20 Nov 2013 16:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Tongue Ties @es]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.buenosairesreview.org/?p=3894</guid>
		<description><![CDATA[

traducción de Guido Herzovich y Ana Yvelyse

Tallan un sendero circular en tu jardín delantero.
Socavones rosados se ocultan en tu
botiquín. Exaltas las batidoras rotas como sofismas
garabateados por académicos ya jubilados.
Tu vida se convirtió en un rompecabezas tímido,
un barranco de embargos,
una pescadería abandonada.
 .
El mundo te ha acusado de no ser un mundo,
de amar canciones sin sentido,
y contestaste criando hijos para que desplieguen algún día
carreteles de cinta roja a través de ciudades de cera.
La promesa de comprar sin culpa
cuaja como chicle
bajo un pupitre de madera.
 .
El mundo te ha acusado de no ser un mundo.
Replicas con un discurso de aceptación
escrito por hermosos gángsters. Vives bajo
el peso de acuerdos erigidos
como minaretes. Te cortejan derrumbes
con un hospicio de cajas registradoras
desiertas y altares de historieta.

Tus jóvenes pulmones se contraen en presencia del cedro y la ceniza.
El mundo te ha acusado de no ser
un mundo y contestas ofreciendo ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/vincent-toro/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Constanza-Alberione-Chano-2009-acrílico-sobre-mdf-34-x-46cm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3904" alt="Constanza Alberione-Chano, 2009, acrílico sobre mdf, 34 x 46cm" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Constanza-Alberione-Chano-2009-acrílico-sobre-mdf-34-x-46cm.jpg" width="512" height="358" /></a></div>
<div style="text-align: right;"><em><br />
</em><em>traducción de Guido Herzovich y Ana Yvelyse</em></div>
<div></div>
<div style="padding-left: 30px;">Tallan un sendero circular en tu jardín delantero.</div>
<div style="padding-left: 120px;">Socavones rosados se ocultan en tu</div>
<div style="padding-left: 30px;">botiquín. Exaltas las batidoras rotas como sofismas</div>
<div style="padding-left: 180px;">garabateados por académicos ya jubilados.</div>
<div style="padding-left: 90px;">Tu vida se convirtió en un rompecabezas tímido,</div>
<div style="padding-left: 270px;">un barranco de embargos,</div>
<div style="padding-left: 150px;">una pescadería abandonada.</div>
<div style="padding-left: 30px;"> <span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;"><strong>El mundo te ha acusado de no ser un mundo,</strong></div>
<div style="padding-left: 120px;">de amar canciones sin sentido,</div>
<div style="padding-left: 30px;">y contestaste criando hijos para que desplieguen algún día</div>
<div style="padding-left: 180px;">carreteles de cinta roja a través de ciudades de cera.</div>
<div style="padding-left: 90px;">La promesa de comprar sin culpa</div>
<div style="padding-left: 270px;">cuaja como chicle</div>
<div style="padding-left: 150px;">bajo un pupitre de madera.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;"> .</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">El mundo te ha acusado de no ser un mundo.</div>
<div style="padding-left: 120px;">Replicas con un discurso de aceptación</div>
<div style="padding-left: 30px;">escrito por hermosos gángsters. Vives bajo</div>
<div style="padding-left: 180px;">el peso de acuerdos erigidos</div>
<div style="padding-left: 90px;">como minaretes. Te cortejan derrumbes</div>
<div style="padding-left: 270px;">con un hospicio de cajas registradoras</div>
<div style="padding-left: 150px;">desiertas y altares de historieta.</div>
<div style="padding-left: 30px;"></div>
<div style="padding-left: 30px;">Tus jóvenes pulmones se contraen en presencia del cedro y la ceniza.</div>
<div style="padding-left: 120px;">El mundo te ha acusado de no ser</div>
<div style="padding-left: 30px;">un mundo y contestas ofreciendo a tus huéspedes</div>
<div style="padding-left: 180px;">queso de máquina y globos de nieve.</div>
<div style="padding-left: 90px;">Insistes en que te hablen de sus planes para el verano.</div>
<div style="padding-left: 270px;">Ensuciaron tu sendero</div>
<div style="padding-left: 150px;">con peajes y órdenes de citación.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;"> .</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">Cavas trincheras al ras rodeando la mesa de la cocina.</div>
<div style="padding-left: 120px;">Los trabajadores instalan una pared de dientes</div>
<div style="padding-left: 30px;">de yeso en tu bañera. El mar se divorció de ti</div>
<div style="padding-left: 180px;">y se llevó el perro. El mundo</div>
<div style="padding-left: 90px;">te ha acusado de no ser un mundo,</div>
<div style="padding-left: 270px;">de desoír las voces</div>
<div style="padding-left: 150px;">que mantienen unidas las costuras</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">de tu chaqueta, y contestaste</div>
<div style="padding-left: 120px;">con suspiros derrotados, el tipo de suspiro</div>
<div style="padding-left: 30px;">que hace de las viudas huérfanos.</div>
<div style="padding-left: 180px;">Muy pronto heredarás</div>
<div style="padding-left: 90px;">el polen de mil gardenias arrancadas de raíz</div>
<div style="padding-left: 270px;">mientras esperas que la luz del sol</div>
<div style="padding-left: 150px;">aprenda tu apodo.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="text-align: center;">*</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><b>Libro de sueños portoriquesco (muestra gratis)</b></div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Computadora</i></div>
<div>-Con manos humanas que te molestan cuando intentás tipear significa que te vas a perdonar un error que nunca quisiste cometer.</div>
<div>-Que te canta como Héctor Lavoe significa que tu hija mayor llegará a ser Directora de Arbustos de un parque de diversiones en la ruina.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Vaquita de San Antonio</i></div>
<div>-Arrastrándose sobre el capó de tu auto significa que vas a heredar una colección inmensa de mapas incompletos.</div>
<div>-Nadando en un plato de sopa significa que te vas a olvidar del cumpleaños de tu esposa después de olvidarte que no estás casado.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Un mango</i></div>
<div>-Comerte uno mientras un chimpancé dobla tu ropa limpia significa que la Dirección de Impuestos va declararte muerto y ofrecerle a tu mamá un reintegro que le pedirán después que devuelva.</div>
<div>-Uno con patas que te persigue a través de una botánica significa que tu ropa pasó de moda.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Una tarta</i></div>
<div>-Tartas de arándano gigantes que desaparecen y reaparecen al azar significa que van a renovar un edificio en la esquina sur de tu cuadra.</div>
<div>-Una tarta de pera olvidada en mitad de una autopista significa que un pariente muerto quiere que le devuelvas la botella de Presidente que te dieron para Navidad.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Arenas movedizas</i></div>
<div>-Hundirse en arenas movedizas que huelen a coliflor quemado significa que en tu noche de bodas el fotógrafo se va a olvidar de sacar la tapa en el momento del beso.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Cuartos</i></div>
<div>-Pintados para que parezcan una playa urbana significa que te van a dar un ascenso importante en un trabajo por el que no cobras.</div>
<div>-Con los muebles en el techo significa que vas a recibir un título honorario por tu investigación sobre los hábitos de sueño de DJs estrella.</div>
<div>-Un aula del tamaño de un cancha de fútbol (conocido por gringos como una cacha de soccer) donde el ordenanza de la escuela se burla de ti significa que te vas a ganar un viaje con todo pago a Tucumcari, Nuevo México.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Una ardilla</i></div>
<div>-Una ardilla que lleva un globo con la cara de Emma Goldman significa que te dejarán una calamidad de moños en tu guantera la segunda noche.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><i>Agua</i></div>
<div>-Un vaso de agua significa que quieres renunciar a tu trabajo para convertirte en producto registrado de la imaginación.</div>
<div>-Una laguna barrosa significa que quieres renunciar tu trabajo para convertirte en producto registrado de la imaginación.</div>
<div>-Un océano significa que quieres renunciar tu trabajo para convertirte en producto registrado de la imaginación.</div>
<div>-Una piscina inflable significa que quieres renunciar tu trabajo para convertirte en producto registrado de la imaginación.</div>
<div>-Una sola lágrima significa que quieres renunciar tu trabajo para convertirte en producto registrado de la imaginación.</div>
<div></div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="text-align: center;">*</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div></div>
<div style="padding-left: 30px;"><b>Ecfrástica Fibonacci para “El nacimiento de una ciudad” de Angel Rodriguez-Diaz</b></div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 240px;">Tu</div>
<div style="padding-left: 240px;">mapa</div>
<div style="padding-left: 180px;">está hecho</div>
<div style="padding-left: 90px;">de hojas quemadas</div>
<div style="padding-left: 30px;">y de alas de pájaro carpintero.</div>
<div style="padding-left: 90px;">Las décadas hacen levitar las mesadas</div>
<div style="padding-left: 240px;">que fregaste. La equinácea que te grabaste en el pecho crece</div>
<div style="padding-left: 30px;">sin raíces que la contengan. Respiras sábanas sin lavar, no pides nunca las llaves del convento.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 240px;">Tu</div>
<div style="padding-left: 240px;">mapa</div>
<div style="padding-left: 180px;">es reducido</div>
<div style="padding-left: 90px;">para ajustarse</div>
<div style="padding-left: 30px;">a tus expectativas.</div>
<div style="padding-left: 90px;">Expulsado de la geometría</div>
<div style="padding-left: 240px;">del mito, el rumor se vuelve corona y máscara. Decoras el</div>
<div style="padding-left: 30px;">alambrado y los paneles de yeso agrietado con reliquias familiares de Aztlán. Lo que posees lo criaste tú.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 240px;">Tu</div>
<div style="padding-left: 240px;">mapa</div>
<div style="padding-left: 180px;">está esparcido</div>
<div style="padding-left: 90px;">junto con cartas</div>
<div style="padding-left: 30px;">a la familia, albaricoques secos,</div>
<div style="padding-left: 90px;">camionetas abolladas y hombres cansados</div>
<div style="padding-left: 240px;">que trabajan demasiado y beben en exceso. La ceniza de cedro</div>
<div style="padding-left: 30px;">congestiona los pulmones que usas para soplar los cirios comprados en la botánica del barrio.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 240px;">Tu</div>
<div style="padding-left: 240px;">mapa</div>
<div style="padding-left: 180px;">está estropeado</div>
<div style="padding-left: 90px;">por fronteras</div>
<div style="padding-left: 30px;">que se vuelven un filtro</div>
<div style="padding-left: 90px;">histórico, separando la barbarie</div>
<div style="padding-left: 240px;">de la voluntad. Misiones y malls invaden tus quintitas envueltas</div>
<div style="padding-left: 30px;">por el sol, donde las flores batallan y proliferan los murales como incendios hambrientos.</div>
<div style="padding-left: 30px;"></div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px; text-align: center;">*</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;"><strong>Sonata recursiva para piano y plumero</strong></div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">Agua rosa allá arriba,</div>
<div style="padding-left: 120px;">el cielo negro retrocede hacia</div>
<div style="padding-left: 90px;">autopistas inclinadas y coartadas sin crimen.</div>
<div style="padding-left: 150px;">Dedos chamuscados pican ojos de vitral</div>
<div style="padding-left: 30px;">confundiendo la lengua de las máquinas con serenatas.</div>
<div style="padding-left: 90px;">Brokers y comerciantes le dan vueltas</div>
<div style="padding-left: 180px;">a la cosa y desaparecen, contratan</div>
<div style="padding-left: 90px;">videntes del cajón de ofertas para revelar</div>
<div style="padding-left: 180px;">colores no descubiertos. Académicos analfabetos desfilan por</div>
<div style="padding-left: 150px;">carpas de circo de hechos</div>
<div style="padding-left: 210px;">esotéricos que los adictos a la ficción</div>
<div style="padding-left: 150px;">han vuelto obsoletos. Los niños crían</div>
<div style="padding-left: 120px;">a sus padres para volverse un bazar de</div>
<div style="padding-left: 180px;">espejos rasguñados ocultándose</div>
<div style="padding-left: 210px;">a la mirada de otros espejos.</div>
<div style="padding-left: 240px;">Quedan</div>
<div style="padding-left: 210px;">protegidos</div>
<div style="padding-left: 240px;">una vez que se declaran</div>
<div style="padding-left: 210px;">indefensos, indefensos</div>
<div style="padding-left: 240px;">una vez que se declaran</div>
<div style="padding-left: 210px;">protegidos.</div>
<div style="padding-left: 240px;">Son</div>
<div style="padding-left: 210px;">la mirada de otros espejos,</div>
<div style="padding-left: 180px;">espejos que se esconden de</div>
<div style="padding-left: 150px;">sus padres para convertirse en un bazar de adictos</div>
<div style="padding-left: 210px;">a la ficción rasguñados. Los niños crían</div>
<div style="padding-left: 240px;">hechos que han vuelto obsoletos</div>
<div style="padding-left: 180px;">las carpas de circo de colores</div>
<div style="padding-left: 210px;">esotéricos no descubiertos. Académicos analfabetos desfilan por</div>
<div style="padding-left: 90px;">videntes del cajón de ofertas para revelar</div>
<div style="padding-left: 210px;">la cosa y desparecen, contratan</div>
<div style="padding-left: 90px;">brokers y comerciantes para darle vueltas</div>
<div style="padding-left: 60px;">confundiendo la lengua de las máquinas con serenatas</div>
<div style="padding-left: 180px;">chamuscadas. Dedos pican ojos de vitral,</div>
<div style="padding-left: 90px;">carreteras inclinadas y coartadas sin crimen.</div>
<div style="padding-left: 150px;">El cielo negro retrocede hacia el</div>
<div style="padding-left: 30px;">agua rosa allá arriba.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="text-align: center;">*</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">jadeos. suspiros. un tobillo doblado sobre un muslo. te pones colorado.      una descarga. los labios se extienden como las alas de una paloma. piel cosechada. campo arado. una tarde parcialmente nublada. un desnudamiento. una sensación incómoda. un calor inesperado. cuentas de sudor como cuentas de un rosario. una curvatura imperfecta. una pared voluptuosa. la punta roja de un palillo frotado contra el pedernal. una mirada fija. desapegada. una nariz con arraigo en un mentón. crema aplicada a una pata.       una pata sacrificada para un banquete. un secreto trazado en una arruga carnosa. una promesa desapegada. una muñeca girada a contrareloj. un estremecimiento. una chuchería cae a la caída. dos campanillas conjugadas como un verbo. tu aplomo volátil. una pose felina. cerradura y llave, unidas. una puerta sin goznes abierta dos veces. oasis. agua sorbida por la lengua de un perro. un ritmo silencioso. un latido desincronizado. una pestaña esculpida como un pavo real. cuatro piernas entrelazadas como un cesto de mimbre. deslizando. piruetas sin gracia. botones cosidos a un chaleco turquesa. uñas recortadas y picos recortados. corrientes concurrentes de arroyos paralelos. un pulso distante. succión subliminal. aliento de una risa, resucitado. sus mejillas, almohadas. una puerta corrediza. un tintero agrietado. una mano ahuecada confundida con una red de seguridad. un titubeo. una rescisión.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;"><strong>un susurro.</strong></div>
<div style="padding-left: 30px;"><strong>un apretón.</strong></div>
<div style="padding-left: 30px;"><strong>un temblor.</strong></div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">una clave de sol. un corazón leporino. un circulo roto. una montaña interrumpida por un valle. apegada. desapegada. apegada. desapegada. un attaché lleno de ciruelas maduras. un olor ascendente. un gemido sinfónico. un teléfono desenchufado. una flexión. aflicción. una tensión. extensión. trueno dulce y retorcido. un puño apretado. un labio mordido. restos de vela sobre una vitrola muerta. una inundación. una descarga. una corriente de aire. una abertura.        un cierre sin relación. huevos rotos en el piso de una cocina. un ataque puntual. una partida. el puño chamuscado de un fumoir. dos estéreos transmitiendo la misma radio. una refracción. un desdoblamiento. un desenmascaramiento. una pregunta en el tintero. una contracción. una contradicción. una purificación. un devenir. un respiro, desapegado. una muerte, apegada. la huella de un pulgar sobre una pelvis. una promesa, desapegada. un seno, desapegado. un robo de perlas pergeñado. una uva arrancada. una naranja, pelada. un charco en la entrada. una almohada estrujada. una fuga canturreada. un sendero de cieno rosado. desapegado. un sopor. una piel. una polilla y un frasco amoratado. una matrioshka que canta. un acertijo inseminado en un vientre azul.  una convocatoria. un desconcierto. un plato de higos secos. un aro perdido. un reflujo. un eco. un temblor.</div>
<div style="padding-left: 30px;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="padding-left: 30px;">                  Una pintura al óleo</div>
<div style="padding-left: 30px;">                  En la sala de estar</div>
<div style="padding-left: 30px;">                  Lista para colgar.</div>
<div></div>
<div style="text-align: center;">* *</div>
<div><em>Imagen: Constanza Alberione, &#8220;Chano&#8221; (2009), cortesía de <a href="http://www.miaumiauestudio.com/" target="_blank">miau miau</a></em></div>
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		<title>A partir de Kenneth Goldsmith: una entrevista</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2013 21:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Tongue Ties @es]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>&#160;</p>
<p></p>
<p style="text-align: right;" align="center">Michael Romano y Kenneth Goldsmith
traducción de Fernando Montes Vera</p>
<p style="text-align: left;" align="center">I.</p>
<p>Tengo un par de preguntas para hacerte, pero todavía están bastante desorganizadas en mi cabeza.</p>
<p>Arranquemos. Después se va a acomodar todo en la mesa de edición.</p>
<p>&#160;</p>
<p>II.</p>
<p>Hace unos años te pregunté algo, sobre si vos considerabas Ubuweb una obra de arte, y me dijiste algo interesante, pero, bueno, perdí el cassette, y después vi este libro acá, la Carta a Bettina Funcke.</p>
<p>Ah, sí. Sí.</p>
<p>Donde empezás respondiendo esa misma pregunta, y decís que es, que quizás es la obra más significativa que jamás hayas creado, pero después te vas por las ramas, te plagiás a vos mismo, a otros, y ahí la cosa se pone medio loca, y terminás sin dar nada remotamente cercano a una respuesta concluyente. Así que quiero preguntártelo de nuevo.</p>
<p>Bueno, creo que Documenta realmente ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/a-partir-de-kenneth-goldsmith-una-entrevista/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Kenneth-Goldsmith_StreetPoets_02_HiRes.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-3729" alt="Kenneth-Goldsmith_StreetPoets_02_HiRes" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Kenneth-Goldsmith_StreetPoets_02_HiRes-1024x625.jpg" width="1024" height="625" /></a></p>
<p style="text-align: right;" align="center"><em>Michael Romano y Kenneth Goldsmith<br />
</em><em>traducción de Fernando Montes Vera</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><b>I.</b></p>
<p>Tengo un par de preguntas para hacerte, pero todavía están bastante desorganizadas en mi cabeza.</p>
<p>Arranquemos. Después se va a acomodar todo en la mesa de edición.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>II.</b></p>
<p>Hace unos años te pregunté algo, sobre si vos considerabas Ubuweb una obra de arte, y me dijiste algo interesante, pero, bueno, perdí el cassette, y después vi este libro acá, la <i>Carta a Bettina Funcke.</i></p>
<p>Ah, sí. Sí.</p>
<p>Donde empezás respondiendo esa misma pregunta, y decís que es, que quizás es la obra más significativa que jamás hayas creado, pero después te vas por las ramas, te plagiás a vos mismo, a otros, y ahí la cosa se pone medio loca, y terminás sin dar nada remotamente cercano a una respuesta concluyente. Así que quiero preguntártelo de nuevo.</p>
<p>Bueno, creo que Documenta realmente no entendió la poesía, y entendieron Ubuweb, y de alguna manera necesitaban legitimarme a través de Ubu, y al mismo tiempo no podían legitimarme a través de la poesía. Querían que yo lo declarara como obra de arte, y yo dije ok, normalmente no lo hago pero podría meterme en ésa si vienen y me provocan. En mi día a día no pienso en eso, pero no se aleja demasiado de las inquietudes de otras cosas que hago.</p>
<p>Algo que siempre me pareció interesante de Ubuweb era cómo promulga los principios del arte que  documenta.</p>
<p>Absolutamente. Es decir, todo es parte de lo mismo. La mayor parte del material en Ubu nunca tuvo valor económico, pero flotó libremente de una persona a otra. Se lo compartió, fotocopió, repartió, intercambió; era la cultura cassette, arte por correo, entendés, todas la cosas efímeras y raras que la gente tiende a hacer. La mayoría de las vanguardias se predicaban como cultura libre, nadie asumía que algo iba a valer nada, y la mayor parte del tiempo era así.</p>
<p>Pero al mismo tiempo es algo más. Vos hablaste de catalogar y archivar como finalidades artísticas en sí mismas, y en tu conferencia del MoMA, cuando hablabas de la inversión del consumo, de cómo ahora pasamos más tiempo organizando y archivando que involucrándonos con el contenido, yo pensé en Ubuweb.</p>
<p>Es verdad, digo, no tengo idea ni siquiera de qué hay en Ubu.</p>
<p>Ja.</p>
<p>No podría consumirlo todo. Y eso es algo que va dejando mucha estela en la cultura en este momento. Incluso las filtraciones de datos de la NSA y Wikileaks, lo que llaman vandalismo de la información, es demasiado para digerir. Y en realidad ése era el gran punto de mi <i>Imprimiendo internet—</i>es absurdo, por supuesto que no se puede, es demasiado. Ahora hay métricas de magnitud, del infinito. Creo que la web nos muestra el siglo XXI, a qué se podría parecer el infinito, y es incomprensible, tan grande como el universo, así de grande.</p>
<p>Es grande pero todavía nos aferramos a estas nociones de autoridad cultural, de importancia, entidades que pensamos importantes y de autoridad pero por razones obsoletas, basadas en la situación antigua. Si tomás una institución grande como el MoMA: obviamente una institución muy importante para el criterio de la mayoría, pero desde otra perspectiva es casi completamente insignificante.</p>
<p>Bueno, depende. Solíamos pensar que esos verticales eran los que armaban el relato y vivían de acuerdo a él. Ahora a la mayor parte del mundo no le importa eso porque tienen sus propios relatos, que llegan a través de la cultura online o la cultura meme. Entonces el museo se vuelve no un espacio de autoridad, sino un espacio social, que es de lo que hablé en la conferencia del MoMA, cómo el rol del museo se convierte en un boliche, o, viste, un espacio social, relacional. La mayoría no va a ver arte, van para estar los unos con los otros y mostrar que estuvieron ahí en ese monumento.</p>
<p>Hablás de otras cosas interesantes en la conferencia del MoMA. Una era la dinámica de cómo la crítica institucional, la crítica de la institución, es absorbida por la institución, se convierte en una institución de la crítica—eso es súper interesante. Lo otro era la idea de la institución como estrategia de supervivencia del artista, y esa especie de deriva inevitable hacia la institucionalización de la carrera del artista. Pensé que era interesante en parte porque no me convenció mucho.</p>
<p>¿Decís lo de [Marcel] Broothaers?</p>
<p>Sí, lo ponés como ejemplo, pero a ver… el caso de él era interesante, pero no creo que su destino haya sido inevitable.</p>
<p>Bueno, pero es envidiable. Tuvo suerte. No conozco a ningún artista al que no le gustaría que la institución lo corone por ser importante.</p>
<p>Mh…</p>
<p>La institución siempre actuó como un sistema de filtrado; éso es lo que nos hace prestar atención a ciertas cosas e ignorar otras. Toda esta gente que criticaba a la institución después vino la institución y los levantó y terminaron lamiendo, no mordiendo, la mano que les dio de comer.</p>
<p>Jaja.</p>
<p>¿Entendés? Igual, eso pasó siempre. Desde el comienzo del arte, todos los que dijeron ser anti-arte luego fueron abrazados felizmente por la institución.</p>
<p>La parte de la conferencia sobre la Casa Blanca fue bastante genial.</p>
<p>Sí, fue gracioso.</p>
<p>Dijiste algo, no recuerdo las palabras exactas, algo como, La seguridad es tan estrecha ahí que paradójicamente se vuelve el ambiente más relajado y de apertura, y pensé que era un microcosmos interesante de, no sé, esta idea de que la institución del arte puede tener tanto control y estar tan abierta a todo que realmente nada la puede criticar o subvertir. Termina absorbiendo todo y después queda esta cosa inocua y universal.</p>
<p>Todo es relativo. Cuando fui Poeta Laureado del MoMA, hice una serie de lecturas de guerrilla, y todo el mundo decía, ¡Eso no es guerrilla! ¡El MoMA está al tanto de eso! Pero yo decía, Hey, tomando en cuenta la estructura rígida del MoMA, es bastante radical, jaja. Por supuesto que sabían, por supuesto que lo permitían, pero nunca se había hecho algo así antes. Todo es contextual. Todo contextual.</p>
<p>Cuando estaba viendo esas fotos tuyas en la Casa Blanca pensé en cómo nuestra palabra “parásito” viene de “invitado a cenar” en griego. Hacía referencia a una clase profesional, invitados de autoridad, que no daban nada, quizás una canción. Y ahí estabas vos, recitándole poemas al Presidente Obama. Es una situación tan interesante. Y pensé en cómo tu escritura siempre va en puntas de pie sobre la línea delgada entre lo que es meramente interesante o provocativo y lo que es ilegal o destructivo.</p>
<p>Sí. Intento llegar a esa línea todo el tiempo, eso es lo que da acceso a un lugar como la Casa Blanca o el MoMA o el Colbert Report, esa línea rara entre una cultura totalmente sacada y radical y una cultura equilibrada y cómplice. Es lo suficientemente creíble para la derecha como para que sea algo de lo que están al tanto, pero a la vez está transgrediendo la ley. Cuando leí textos apropiados en la Casa Blanca, no tenían idea de qué estaba haciendo, a pesar de que es más radical pararse y decir paren la guerra. Me gusta mucho jugar con eso, y me da mucho acceso a muchos lugares, me da la posibilidad de hacer lío. Y lo mismo pasa con Ubuweb. La gente piensa que Ubuweb es una especie de gran institución, cuando en realidad es un sitio totalmente pirata con el traje institucional de autoridad. Quiero decir, parece del MoMA o algo así.</p>
<p>Sí, totalmente.</p>
<p>Entonces tiene que ser muy oficial, bien financiado. No. No hay nada de dinero. Nada de nada. Incluso en [la Universidad de] Pennsylvania, enseño plagio, y creo que les parece genial: enseñarle a los chicos a robar. No digo que yo no lo hago y entonces lo hago; digo que lo estoy haciendo y lo hago, y parece que les encanta. Entonces pienso que es una buena definición, la línea delgada, me re gusta. Si así lo perciben, si así se lo lee, creo que estoy haciendo algo bien.</p>
<p>Me interesa el punto en el que el arte se transforma en delito, y creo que es interesante que puedas hacer estas cosas y no sólo sobrevivir en la institución sino que te respalden y te apoyen.</p>
<p>Lo que hago no es tan peligroso realmente.</p>
<p>No. Exactamente.</p>
<p>Quiero decir, ningún animal ha sido lastimado durante el rodaje de este película. Es una huevada inofensiva. La gente dice que Ubu es el Wikileaks de la vanguardia, pero Wikileaks fomenta la revolución, Ubu distribuye cine abstracto. Digo, vamos, honestamente, no se pueden comparar, es ridículo, ¿por qué lo harías? Estoy trabajando con poesía y arte de vanguardia, qué carajo, no es peligroso.</p>
<p>Pero eso no es lo que muchos de esos artistas de vanguardia pensaban. Muchos pensaban que el arte de vanguardia podía ser revolucionario y subversivo.</p>
<p>No pienso que pueda hacerlo desde afuera, pero creo que puede cambiar las cosas desde adentro.</p>
<p>Mh.</p>
<p>A los que gritan puertas afuera de la academia se los suele ver como locos y no les van a dar una chance de entrar para cambiar las cosas; nunca se la dieron ni se la van a dar. Te van a ignorar. Cuando pensás en el arte más radical y revolucionario del siglo: Warhol era súper cuerdo, Cage, súper cuerdo. No eran locos. Frank Zappa, súper cuerdo.  Súper recto, ninguno era un outsider. Todos podían presentar un rostro lo suficientemente cuerdo al mundo como para poder entrar y cambiar el mundo. Los outsiders nunca entraron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>III.</b></p>
<p>Andar en puntas de pie por esta línea parece resumirse en una práctica para vos, una disciplina. Es como tu ensayo sobre la estupidez, en el que el estado de estupidez inteligente es algo a lo que llegás a través de la inteligencia y requiere destreza y dedicación mantenerlo.</p>
<p>Ajá.</p>
<p>Y es lo mismo con tu escritura. Tocás el tema en <i>Escritura descreativa, </i>y se puede inferir de tu salida, que tu escritura está arraigada en una práctica constante, menos orientada al producto a pesar de que puede materializarse como producto de vez en cuando. Entonces, esta práctica de ser estúpido y de la escritura descreativa, ¿Cómo se manifiesta en tu vida? ¿Cómo es?</p>
<p>Bueno, no es que tengo que estar inspirado para escribir, eso es seguro. Puedo hacerlo cuando sea, donde sea, por diez minutos o diez horas, en la sala de espera o en el aeropuerto. Se vuelve una parte de la vida, parte del ritmo. No necesito inspiración, pero sí me inspiro. Me inspiro una vez cada ocho o nueve años y después necesito años para sacármelo de adentro.</p>
<p>Inspirado significa que tenés, qué, ¿una idea que pensás que es compartible?</p>
<p>Sí, una idea que me está molestando, que necesita salir. Me la paso dando vueltas a estas ideas, probándolas en mi cabeza, y si una se mete en mi cabeza y no se quiere ir cuando estoy trabajando en algo, entonces creo que probablemente valga la pena dedicarme a eso otros doce años más.</p>
<p>Pareciera que tuviste un momento de inspiración cuando decidiste hacer <i>Siete muertes americanas </i>y <i>Desastres. </i>Por esa época escribiste ese addendum a tu ensayo sobre el aburrimiento, diciendo que dabas por finalizado ser y estar aburrido. ¿Cómo llegaste a ese punto?</p>
<p>Bueno, publiqué <i>Día,</i> retipeando un día del <i>New York Times, </i>y se lo leyó mal constantemente. Todos pensaron que el día era el nueve de septiembre de dos mil uno, cuando en realidad era el primero se septiembre del dos mil, pero pensé, Hey, es una buena idea, entonces fui y encontré el diario del once de septiembre, no el del doce, en el que ves los aviones entrando, pero el día del diario que todos tenían, y retipeé todo eso, y fue muy conmovedor, todo estaba contado de antemano en el diario, muy ominoso, muy extraño, y pensé, Guau, estoy haciendo lo mismo que hice antes pero estoy trabajando con contenido caliente, con material caliente, y estoy teniendo una situación absolutamente distinta, esto es genial, puedo hacer lo mismo y tener un resultado diferente. ¿Y si empiezo a trabajar con textos que no sean realmente calientes o con mucha carga? Así que de ahí busqué en internet y encontré grabaciones de programas de radio, transmitiendo gente viendo las torres caer, y empecé a transcribirlos, y pensé que estaban buenas, eran muy interesantes y sólo transcripción, lo que me encanta hacer, y pensé, debería hacer una serie con estos, qué más, ¿Qué más podría tener este tipo de resonancia emocional?</p>
<p>Esa fascinación repentina con, como dijiste, material caliente, dramático, pareciera –no contradecir, quiero decir –es un desarrollo perfectamente natural, pero es distinto a tu práctica anterior.</p>
<p>Me aburría esa práctica. Me aburría aburrirme. ¿Qué podía hacer? Dentro de la escritura descreativa hay legiones retipeando información o buscando en internet y publicando libros, pero no necesito hacerlo más, ese trabajo se terminó para mí. Lo hice por un tiempo. Hora de hacer otra cosa.</p>
<p>¿Con qué otra cosa?</p>
<p>Bueno, ahora estoy terminando lo que vengo trabajando desde hace ocho años, una reescritura del <i>Proyecto Arcades </i>de Walter Benjamin para la Ciudad de Nueva York en el siglo veintiuno. Acabo de firmar un contrato para publicarlo y en eso estoy trabajando ahora.</p>
<p>¿Te falta poco para terminar?</p>
<p>Sí, bueno, ahora hay un cierre. Tengo que entregar un manuscrito de un millón de palabras en dos años, así que tengo que ir redondeando ese antes. Estuve trabajando en eso ocho años sin parar, y ahora necesito darle forma y llegar a la última línea.</p>
<p>Pareciera que Benjamin es un referente para vos.</p>
<p>No sé. Es decir, los benjaminianos están enojado con este proyecto, recibí bastante negatividad por parte de algunos que se creen que son los dueños de Walter Benjamin. Muchos creen ser sus dueños, y él es una figura intocable, y por supuesto un santo en muchos niveles, así que el hecho de que alguien venga a rehacer a Benjamin y repensar a Benjamin es algo blasfemo para mucha gente. No entiendo a Benjamin de la misma manera que la mayoría. No me importa demasiado el marxismo. La teoría de los medios me gusta, entendés; toda la cosa de coleccionismo me gusta. No soy un fanático de Benjamin. Pero me encanta ese libro. Digo, me gustaba Benjamin antes de eso, pero cuando me enteré de ese libro pensé, Quiero hacer algo así.</p>
<p>Dijiste que es un buen libro para flotar en su interior en vez de leer linealmente.</p>
<p>Sí, nunca lo leí.</p>
<p>Me interesan estas nuevas formas de leer, nuevas estrategias, y cómo se relacionan con la escritura descreativa. Pareciera que estás proponiendo una especie de lectura experimental, en la que leer de maneras nuevas se convierte en una práctica también, igual que escribir y archivar; las tres van juntas.</p>
<p>Bueno, yo he dicho que la nueva escritura es no escribir y la nueva lectura es no leer. Es mover información, analizar, puentear. No podés llegar al compromiso profundo, hay demasiadas cosas interesantes. Hablé de eso en <i>Escritura descreativa</i>, acerca de Twitter, el encabezado, pero lo vez cada vez más hoy en día. Creo que la cita hoy en día es más relevante que la cosa que está citando. La cita es más relevante que lo citado. A veces twiteo un cuatro cero cuatro, una página en la que puse mal el link, y antes de poder cambiarlo, ya lo retwitearon doscientos cincuenta veces. ¡Eso significa que ni uno de ellos cliqueó en el link! Es un nombre cool. Guau. William S. Burroughs, lo voy a compartir y eso me va a dar más estatus. La gente sólo mueve estas cosas de acá para allá.</p>
<p>Es gracioso.</p>
<p>Y ésa es la evacuación del contenido. El contenido dejó de ser rey. Es todo el andamiaje, toda la cosa estructural alrededor del contenido lo que nos interesa, todo lo paratextual. El texto es lo último que nos preocupa, lo último que leemos. Nadie lo lee. No quiero decir nadie. La gente todavía lee. Pero pienso que mucha gente usa el lenguaje de manera diferente que en la lectura cerrada. Vivimos en una época de cambios radicales y ése es uno de esos cambios, que ahora tenemos spans de atención cortos. Y creo que es una nueva vanguardia, el span de atención corto.</p>
<p>Quiero hablar de la muerte del Autor, Barthes, cómo lo que definís como escritura descreativa germina a partir de muchas de las cosas de las que habla ahí, y también su visión del lector, el renacimiento del lector, y lo que eso pueda significar. Hablás de la diferencia entre una relación absorbente con un trabajo y una… ¿cómo era, generativa?</p>
<p>Reflexiva.</p>
<p>Reflexiva.</p>
<p>Sí, en realidad es en <i>S/Z </i>que se mete con eso, el texto leíble y el texto escribible, el texto escribible es el texto ejecutable, podés entrar y jugar con él; uno es intocable y el otro es remixable. Creo que <i>S/Z </i>se acerca más a esas ideas, la exploración real de ese artículo; es un libro muy bueno. Sí, sabés, yo twiteé que Barthes estaba en Ubu, la Revista Aspen del sesenta y nueve, que era la primera vez que se publicaba “La muerte del autor”, y alguien respondió diciendo, Guau, me acuerdo de cuando solía creer en esas ideas, y cuánto me he llegado a apartar ahora. Cuando mirás a la cultura de ahora, no hay rastros de Barthes, no hay rastros de la muerte del autor, no existe, está tan olvidado, tenés voces de autor, voces de autor que no son desafiadas, ficción literaria, no hay rastros de eso en la escritura de gente como Jonathan Franzen o incluso gente que sabe más, como Jonathan Lethem, o todo el equipo del <i>New Yorker</i>, todo es autorial, entendés, auténtico. Pero en realidad creo que esos escritores son algo irrelevantes. Quiero decir, entretienen, pero se me hacen muy ingenuos. Estos tipos conocen estas cosas, pero van a terminar cagando su mercado si empiezan a joder con eso; son esclavos de su mercado multimillonario; no pueden escribir los libros que probablemente saben que deberían estar escribiendo porque van a terminar perdiendo cantidades importantes; son esclavos, ¿sabés? Pero pienso que para cualquiera que no es así, y que está en contacto con la cultura web, Barthes y sus ideas todavía son letreros invaluables.</p>
<p align="center"><b> </b></p>
<p><b>IV.</b></p>
<p>Tuve un momento Ubuweb muy raro hace poco, una noche antes de acostarme estaba leyendo esa cosa Tres diálogos con Beckett y este tipo que me olvidé.</p>
<p>Sí, Georges… ya sé. Lo conozco.</p>
<p>Están hablando de artistas modernos, y Beckett está intentando dar su visión de un nuevo arte, y en un punto dice, ¿Qué tiene de bueno pasar de una posición insostenible a otra, buscar justificación siempre en el mismo plano?</p>
<p>Mh.</p>
<p>Y entonces cerré la computadora y me acosté, pero no podía dormir. Entonces me levanté y saqué un libro del estante, <i>La tentación de existir</i>, de E.M. Cioran, que tiene una introducción genial de Susan Sontag. ¡Y el epígrafe de la introducción, uno de los epígrafes, es esa misma cita de Beckett!</p>
<p>Es una buena cita.</p>
<p>Pero fue desconcertante, esta coincidencia rarísima. Y ha estado…</p>
<p>Sacudiéndose por ahí.</p>
<p>Ajá.</p>
<p>Mh, interesante.</p>
<p>Y quería, no sé, tirarte esa cita, porque parece que vos pensaste mucho sobre Beckett.</p>
<p>Mh, sí. Bueno, escribir así es insostenible. Nunca vas a ganar haciendo eso. Y por eso es que Eugenides no hace eso. Claramente, él quiere ganar. Y sin embargo, entendés, no puedo seguir, voy a seguir, como hace Beckett. Lo insostenible es también lo utópico, aquello que no puede permanecer, por la razón que sea. Por eso es que Ubuweb es insostenible y aún así es promulgada, algo que es realmente destacable por todo este tiempo, no tendía que haber seguido tanto, es insostenible. Voy a violar la ley de derechos de autor, es insostenible. Pero pone a prueba la realidad. Y ésas son victorias enormes. A veces la gente me da cosas y a veces publico cosas y me salgo con la mía, y me entusiasma más la insostenibilidad de violar la ley que lo que me da volverlo todo más legítimo, moverme hacia la sostenibilidad. Lo insostenible es mágico. En lo sostenible no hay nada por lo que luchar. No es derrotista. Es simplemente intentar vivir en un estado de insostenibilidad.</p>
<p>Me gusta esa perspectiva. El ensayo de Sontag con la cita de Beckett es sobre John Cage. El otro epígrafe es de Cage: De vez en cuando es posible no tener absolutamente nada; la posibilidad de la nada. Ella habla de esta suerte de crisis intelectual y artística a mediados de siglo, y cómo Cioran era el poeta oscuro del impasse, mientras que Cage estaba haciendo algo realmente nuevo y abriendo nuevos caminos.</p>
<p>Sí, Cage abre una puerta. No insiste con lo mismo una y otra vez. Puede que use el mismo proceso, pero es una puerta de salida. Una estrategia de salida.</p>
<p>Y quería preguntarte qué pensás de Cage, qué significa para vos.</p>
<p>Cage me resultó de mucha ayuda en ciertos períodos de mi vida, filosóficamente, musicalmente; tenía un oído hermoso; él fue muy importante para mí. Pero descubrí que Cage tenía límites. Él dijo que todo podía ser música, pero había algunos sonidos que no estaban permitidos, sonidos de violencia, sonidos de ira, los sonidos del hip-hop, la mayor parte de la cultura popular no estaba permitida porque era violenta; por eso su ética, o lo que Joan Retallack llamaría su “po-ética” en realidad se volvió un obstáculo a la hora de decretar aquello en lo que realmente creía. Así que de ahí salté a Warhol, que ya se había despachado con eso, era a-ético, no era antiético sino a-ético, totalmente transparente y permeable a todo en una forma en la que Cage sólo podía especular con ser. Pero a Warhol se le puso feo, es una posición realmente fea, es real pero no resultó bien, y a Cage le resultó bastante bien. La ética lo ayudó a Cage, pero filosóficamente Warhol era más verdadero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>V.</b></p>
<p>Esta idea de lo insostenible me recuerda a tu ensayo “Lenguaje Provisional”, que es una especie de coda a <i>Escritura descreativa. </i>El lenguaje esperando ser deshecho. Es como utópico y apocalíptico a la vez.</p>
<p>Sí, viene de la idea de Rem Koolhaas de la arquitectura provisional, espacio chatarra, la arquitectura endeble de los aeropuertos: vas a Heathrow y te das cuenta de que es todo un set de escenario feo. Todo es tan barato pero está hecho para parecer realmente sustancial. Una tienda de Brooks Brothers en el shopping Heathrow no es más que cartón pintado que podés atravesar con el puño.</p>
<p>Jaja.</p>
<p>Es arquitectura que no se suponía que durara, y ahora es lo mismo con el lenguaje. Las palabras se juntan temporariamente, forman constelaciones de significado, y después estallan otra vez. Llevás eso al mundo digital, la capacidad del lenguaje de ser transferido en el ecosistema digital, y no es tan diferente de romper el cartón pintado o reutilizar la madera del negocio para construir un stand de salchichas al otro lado. Todo es provisional. El lenguaje es provisional. Este lenguaje no se suponía que permaneciera íntegro para siempre. El libro encuadernado es una ilusión absoluta. Las palabras se pueden separar, pasar por torrent, enviar por email, espamear. ¿Qué son las palabras ahora? Son baratas. Son súper baratas.</p>
<p>Es un poco como cuando hablás sobre cómo las obras literarias y las carreras literarias simplemente aparecen y se diseminan como memes y después desaparecen.</p>
<p>Sí, quiero decir, lo veo. Como <i>Imprimiendo internet. </i>De hecho yo me convertí en un meme, en Know Your Meme fui un meme oficial, y fue genial, cómo se diseminó como el fuego salvaje y después murió, bang, psh, fabuloso. Generamos 600 páginas de prensa alrededor de ese puto proyecto, alrededor del mundo.  Así que terminé personificando ese escenario de verdad y fue una cosa salvaje.</p>
<p>¿Podés ir atrás un poco y contarme de ese show?</p>
<p>¿Viste las fotos?</p>
<p>Vi las de</p>
<p>¿La que estoy yo flotando en un mar gigante de papel?</p>
<p>¡No!</p>
<p>Ah, tenés que googlearla, es genial, están por toda la web. De todas maneras, sí, fue muy loco. Lo que pasó fue que me pidieron hacer un show como tributo a Aaron Schwartz en una galería grande en Ciudad de México y empecé a buscar obras de arte que materializaran la cantidad de Internet. Encontré cosas bastante geniales, como un tipo que hizo un libro así de alto en el que puso todas las fotos de Natalie Portman en Internet, y yo me quedé, guau, y otra mujer juntó cada artículo acerca de la guerra en Irak, así de altos, setenta y dos volúmenes de mil páginas cada uno desparramados en una galería.</p>
<p>Dios mío.</p>
<p>Pero cada uno de estos gestos me pareció demasiado pequeño y muy genéricos para llegar a la enormidad de lo que Schwartz robó de JStor, o lo que Snowden estaba filtrando, o Manning. Y comencé a pensar acerca de cómo lidiar con tanta cantidad, esa enormidad, y pensé, A la mierda, imprimamos internet, hagámoslo en masa, hay diez mil millones de páginas en internet y seis mil millones de habitantes en el mundo, ¡si cada uno envía 2 páginas, tendremos más que suficiente!</p>
<p>Totalmente.</p>
<p>Entonces lancé la convocatoria y para cuando había terminado ya tenía diez toneladas de papel con las que contribuyeron veinte mil personas de todo el mundo, una pila gigante en Ciudad de México llegando al techo de un lugar así. Las cajas llegaron y las apilé y eso fue todo. Estuvo bastante bueno.</p>
<p>¿Y eso es todo lo que querías señalar? ¿La enormidad?</p>
<p>Sí, la cantidad, la enormidad, la sobrecarga de información, cuán pequeños somos, cuán grande es todo lo demás, una cuestión de escala, de magnitud, de las nuevas métricas del infinito.</p>
<p>Algo me hizo click con la idea de Benjamin de la constelación, en este contexto de imprimir internet en este momento específico en el tiempo.</p>
<p>Donde todo puede constelar, juntarse y estallar en pedazos nuevamente.</p>
<p>Sí.</p>
<p>Sí, mh, me gusta eso también. Es decir, no tenía mucha agenda, o perspectiva política, ni ecológica, ni siquiera tenía mucho que ver con Schwartz hacia el final. Era un gesto poético, como, Guau, ¿qué pasaría si alguien imprimiera internet? No mucho más detrás de eso, pero disparó algo que no esperaba, una conversación global, tocó algún tipo de nervio que no había querido. Para mí era, no sé, Soy un curador ¡Imprimamos internet! En realidad era bastante estúpido, bastante tonto, no había una idea genial, ésa era la parte tonta, imprimámoslo todo, jaja, por supuesto que es imposible, ni siquiera sabemos qué es, jaja, así que fue simplemente una idea tonta, y tocó algún nervio loco, y desapareció, puf.</p>
<p>Como todo.</p>
<p>Sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>VI.</b></p>
<p>¿Sentís que, como Cage, les abriste la puerta a los escritores?</p>
<p>Creo que el trabajo que hice apunta en una dirección, no la dirección; es una especie de puente. Miro a algunos de estos escritores rasqueteando datos y publicando, estamos hablando de trabajos insostenibles, ridículos, todos están publicando en PDF y su editora es Lulu, pueden llegar a hacer las cosas más ridículas; tenés a este tipo, Chris Alexander, que hizo una obra que se llama McNugget en el que metió todas las menciones de la palabra McNugget que encontró en twitter e hizo un libro de 600 páginas.</p>
<p>Jaja.</p>
<p>Ahora podés comprar ese libro por 30 dólares, y no sé cuánta gente va a comprar ese libro, pero es maravilloso, abre de par en par nociones muy extrañas de autoría, poesía, publicación, código, distribución. Creo que muchos de los escritores jóvenes se están moviendo en esta dirección. Pero mi producción siempre fue muy prescrito, y cuando la gente me critica por eso, les digo, Hey, tenés toda la razón del mundo, pero tengo 52 años y vengo haciendo esto hace mucho tiempo. Creo que la próxima ola realmente va a abrir bien toda esta cuestión. Las cosas están cambiando muy rápido y tenés suerte si te toca una ventanita en la que trabajar antes de que la cultura cambie. Uno continúa trabajando, pero el juego se fue a otro lado ahora, más allá de lo que yo hubiera podido concebir.</p>
<p>Ok, entonces tenés esta ventana, imaginaste tu peor obsolescencia. Sólo por curiosidad, mirando en tu futuro, me pregunto si sentís que hay algún aspecto de tu trabajo o algo que hayas aprendido que continuará siendo relevante.</p>
<p>Sabés—como mínimo, he tratado escribir a la par de cosas a las que siempre se las dio por sentado en otras artes y que nunca fueron intentadas en la escritura. La copia nunca fue experimentada en la escritura, nunca. Quiero decir, fue propuesta por Borges en Menard, pero ni siquiera eso era retipear, era una obra original, esta cosa rara, como un realismo mágico. Así que eso, guau, es raro, es raro que no se lo hubiera hecho, y ahora es muy natural, entendés, con cortar y pegar y llegamos a la era digital. De nuevo, es muy estúpido, muy tonto, que sólo un artista pueda hacerlo, tonto como Duchamp es tonto, tonto como Cage es tonto. En lo que concierne al futuro, no sé. Veo estos escritores jóvenes recogiendo datos y haciendo cosas mucho más atrevidas que las que hice yo, puede que no haga efervescencia, puede que no haya legado, puede que haya habido un momento raro de conceptualismo en la escritura, y todos van a decir, ¿Te acordás de eso? Y todos van a responder, Ah, sí.</p>
<p>Ja.</p>
<p>Cage siempre dijo que su audiencia era perpetuamente una audiencia de estudiantes, porque la gente tiene el tiempo y la mente abierta para acoger estas ideas locas, pero en el momento en el que, comillas, “crecen”, lo rechazan como una pérdida de tiempo, porque tienen una familia que mantener. Pero él dijo, No se preocupen, siempre hay más estudiantes.</p>
<p>Bien.</p>
<p>Entonces, no sé si hay un legado, pero sí sé que es algo muy de nuestro tiempo, y creo que eso es a todo lo que puede aspirar un artista, y creo que mi escritura lo hace de una manera bastante adecuada por la escritura, en esta época rara, dando cuenta de todo eso. Es de su tiempo. Pero ese tiempo está mudándose a otro tiempo.</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p><em>Imagen: Kenneth Goldsmith en Street Poets and Visionaries, Mercer Union. Toronto, 2009. Charla Jones/Globe and Mail.</em></p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-3818" style="border: 1px solid black;" alt="KennethGoldsmith" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/KennethGoldsmith-150x150.jpg" width="150" height="150" /><span style="font-size: 12px;"><span style="color: #ff1493;"><b>Kenneth Goldsmith</b></span> es el editor fundador de UbuWeb y enseña Poesía y Práctica Poética en la Universidad de Pennsylvania. Ha publicado diez libros de poesía, como <i>Fidget</i> (2000), <i>Soliloquy</i> (2001), <i>Day</i> (2003), y la trilogía americana <i>The Weather </i>(2005), <i>Traffic</i> (2007), y <i>Sports</i> (2008). Es el autor de <i>Uncreative Writing: Managing Language in a Digital Age </i>(2011). En 2013 fue nombrado primer Poeta Laureado del MoMa.</span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Rowan Ricardo Phillips</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/09/rowan-ricardo-phillips/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 14:12:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;"> traducción de Ezequiel Zaidenwerg</p>
<p>A UN VIEJO AMIGO EN PARÍS</p>
<p>Yo nunca vi al fantasma de tu madre.
Pero vi tus poemas acerca del fantasma
de tu madre, rozándote al pasar
a la vera del Sena, y lo vi en Linda Gregerson,
o en las acciones invisibles que alientan esos poemas
sobre el fantasma de tu madre, aquel escalofrío
al escribir, que se marchita y se transforma en algo
dúctil, y las palabras para hablar del tiempo
se tiñen de repente de lavanda y sal, y los cortes de verso
ásperos se apaciguan, el poema se abre
como una oreja que se apoya sobre
la fría puerta de una caja fuerte, hasta oír el chasquido.
Aun cuando es de día en una cueva oscura, la oscuridad persiste.
Y así, la única forma de encontrar una certeza
es entornar los ojos y tantear.</p>
<p>&#160;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&#160;</p>
<p>LUCAS Y MARK</p>
<p>Estoy sentado, apretujado, entre dos obras de ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/09/rowan-ricardo-phillips/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Bornand.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-3594" alt="Bornand" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Bornand-1024x870.jpg" width="1024" height="870" /></a></p>
<p style="text-align: right;"> <em>traducción de Ezequiel Zaidenwerg</em></p>
<p>A UN VIEJO AMIGO EN PARÍS</p>
<p>Yo nunca vi al fantasma de tu madre.<br />
Pero vi tus poemas acerca del fantasma<br />
de tu madre, rozándote al pasar<br />
a la vera del Sena, y lo vi en Linda Gregerson,<br />
o en las acciones invisibles que alientan esos poemas<br />
sobre el fantasma de tu madre, aquel escalofrío<br />
al escribir, que se marchita y se transforma en algo<br />
dúctil, y las palabras para hablar del tiempo<br />
se tiñen de repente de lavanda y sal, y los cortes de verso<br />
ásperos se apaciguan, el poema se abre<br />
como una oreja que se apoya sobre<br />
la fría puerta de una caja fuerte, hasta oír el chasquido.<br />
Aun cuando es de día en una cueva oscura, la oscuridad persiste.<br />
Y así, la única forma de encontrar una certeza<br />
es entornar los ojos y tantear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LUCAS Y MARK</p>
<p>Estoy sentado, apretujado, entre dos obras de Chuck Close:<br />
“Lucas” sin luces, hecho con unos puntos gruesos<br />
que se recortan sobre un fondo de colores oscuros,<br />
su pelo desprolijo, su barba desprolija, su mirada desprolija<br />
que se proyecta más allá del banco que hay entre él y “Mark”.<br />
Nunca se ha visto a nadie en el Met más deseoso<br />
de estar allí que “Mark”. Cada uno de sus poros<br />
y cada raspadura que se hizo al afeitarse cobran vida.<br />
Su sonrisa de dientes de conejo, sus hombros y su cuello<br />
fuera de foco tienen en común<br />
el chiste recurrente de mostrarnos las cosas como son.<br />
Al igual que a Buscemi, es imposible mirarlo y no quererlo.<br />
Sus anteojos de plástico barato reflejan unas luces<br />
que él solo puede ver. En grupitos de dos<br />
o tres, la gente posa con la cabeza colosal<br />
de Mark: las chicas italianas de piel anaranjada<br />
con sus vestidos caros de campesinas<br />
hacen el signo de la paz y luego<br />
le tiran besos. Mientras tanto, Lucas,<br />
solito en su rincón, donde a lo lejos<br />
es real, no el manojo enloquecido<br />
de píxeles que muestra ser de cerca, baja los ojos<br />
hacia mí, como si percibiera que lo estoy mirando,<br />
con la esperanza de que me dé cuenta<br />
de que es un hombre de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL PRIMUM MOBILE</p>
<p>Oh tierra de un solo árbol, tierra de un Oh rotundo,<br />
que filtra los afectos fugitivos en el fuego primigenio,<br />
mientras que yo, el poeta Rowan, laureado de cenizas<br />
y nidos de aves fénix, no llego a conocerte.</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p><em>Imagen: <a href="http://www.myriam-bornand.com/art-contemporain-accueil-en.php" target="_blank">Myriam Bornand</a></em></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Las madres de Gustave Flaubert, Marcel Proust y Jorge Luis Borges se encuentran en el cielo</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/07/las-madres-de-gustave-flaubert-marcel-proust-y-jorge-luis-borges-se-encuentran-en-el-cielo/</link>
		<comments>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/07/las-madres-de-gustave-flaubert-marcel-proust-y-jorge-luis-borges-se-encuentran-en-el-cielo/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 03 Jul 2013 05:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p></p>
<p style="text-align: right;">Mary Gordon
traducción de Mariana Dimópulos</p>
<p>Un ángel con túnica dorada escolta a la última de las tres mujeres, de cierta edad, a una sala bien amoblada. Está iluminada con delicadeza, hay cuencos de flores sin aroma, de color crema, sobre mesas de un lustre admirable. Acomodadas de modo tal que toda conversación resulte de lo más provechosa, hay tres sillas tapizadas, forradas en una seda color limón. Dos de esas sillas ya están ocupadas; en una hay una mujer robusta, con un moño del color del hierro en la punta de la cabeza, las manos recogidas discretamente sobre el regazo. Su expresión es de complacencia; sería un error decir que sonríe. La mujer en la silla de enfrente tiene el cabello atado en un nudo sobre la nuca; unas hebras de gris se destacan de su rodete, pero son ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/07/las-madres-de-gustave-flaubert-marcel-proust-y-jorge-luis-borges-se-encuentran-en-el-cielo/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/p_0030.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2813" alt="p_0030" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/p_0030.jpg" width="783" height="438" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mary Gordon<br />
</em><em>traducción de Mariana Dimópulos</em></p>
<p>Un ángel con túnica dorada escolta a la última de las tres mujeres, de cierta edad, a una sala bien amoblada. Está iluminada con delicadeza, hay cuencos de flores sin aroma, de color crema, sobre mesas de un lustre admirable. Acomodadas de modo tal que toda conversación resulte de lo más provechosa, hay tres sillas tapizadas, forradas en una seda color limón. Dos de esas sillas ya están ocupadas; en una hay una mujer robusta, con un moño del color del hierro en la punta de la cabeza, las manos recogidas discretamente sobre el regazo. Su expresión es de complacencia; sería un error decir que sonríe. La mujer en la silla de enfrente tiene el cabello atado en un nudo sobre la nuca; unas hebras de gris se destacan de su rodete, pero son muchas menos que las de sus compañeras. La tercera, escoltada por el ángel, es alta, delgada, trae una falda recta cinco centímetros por debajo de las rodillas y unos zapatos de buen corte, y las otras mujeres saben instantáneamente que deben ser ingleses.</p>
<p>— ­Quisiera presentarles a la Sra. Borges — dice el ángel — . Sra. Borges, tengo el honor de presentarle a Mme. Flaubert y a Mme. Proust.</p>
<p>— Enchantée — dice la Sra. Borges — . Hablaremos francés, por supuesto.</p>
<p>— Según entiendo, nuestros hijos se conocían — dice Mme. Proust, que se precia de sus excelentes modales.</p>
<p>— Sí  — dice Mme. Flaubert — , es extraño, ¿no es cierto?, que aquí todos los libros parezcan haber sido escritos al mismo tiempo. Aunque para mi Gustave no hubiera sido posible leer los libros de su hijo, y Mme. Proust, el suyo jamás hubiera podido leer al señor Borges, eso no importa, ahora se están leyendo unos a otros.</p>
<p>— Buenos hijos — dice la Sra. Borges — y cuánto nos querían.</p>
<p>— Sus vidas no fueron fáciles — dice Mme. Proust — . La vida de un gran escritor nunca puede ser fácil.</p>
<p>— Y mi hijo era ciego.</p>
<p>— El mío asmático.</p>
<p>— Gustave sufría cruelmente de indigestiones. Fue un muy buen tío.</p>
<p>— Marcel también fue un tío afectuoso. Le preocupaba que algo de lo que escribiera pudiese molestar a su sobrina querida.</p>
<p>— Jorge adoraba a su hermana.</p>
<p>— Pero ni uno de ellos padre.</p>
<p>— Las mujeres no eran buenas para Gustave.</p>
<p>— Tampoco para Marcel.</p>
<p>— Creo que Jorge fue el único que se casó. Pero la primera, ¡pesadilla! Al menos tuvo la sensatez de venir a casa conmigo. Según dicen fue feliz con la segunda. Yo nunca la conocí.</p>
<p>— Marcel fue muy imprudente al elegir mujeres. Creo que a una edad muy temprana rompieron para siempre su corazón.</p>
<p>Mme. Flaubert y la Sra. Borges cruzan miradas, pero nada dicen.</p>
<p>— Debe haber sido el amor por la belleza lo que los extravió — dice Mme. Flaubert.</p>
<p>— Quizá hubieran necesitado una chica sensata, pero eso exactamente fue lo que no lograron buscar — dice la Sra. Borges.</p>
<p>— Claro que si somos honestas — dice Mme Proust (en este punto, Mme. Flaubert y la Sra. Borges se miran con inquietud, no saben qué puede venir) — , vivieron para su trabajo. Es el camino del genio, sacrificar la vida por el arte.</p>
<p>— Cuánto sufrieron — dice la Sra. Borges.</p>
<p>— Cuánto sufrieron — dice Mme. Flaubert.</p>
<p>— Cruel, un cruel sufrimiento, creo que su mayor felicidad estuvo en sus libros. Los que ellos escribieron y los libros de los otros — dijo Mme. Proust.</p>
<p>— Gustave fue un chico feliz.</p>
<p>— Marcel fue un chico muy feliz.</p>
<p>— Jorge fue un chico feliz y alegre. Nuestros ratos más felices eran cuando yo le leía.</p>
<p>— Me acuerdo de leer a Marcel las novelas de George Sand.</p>
<p>— Ella fue una buena mujer, una buena influencia para mi hijo. Él siempre estaba mucho mejor cuando volvía de visitarla.</p>
<p>— Creo que ya no es tan admirada — dice la Sra. Borges.</p>
<p>— Piensan en ella como la amante de un músico que tosía sangre — dice Mme. Flaubert.</p>
<p>— Eso debe ser por las películas — dice la Sra. Borges.</p>
<p>— Yo nunca vi una película — dice Mme. Flaubert.</p>
<p>— Yo tampoco — dice Mme. Proust.</p>
<p>— Jorge por supuesto no podía verlas.</p>
<p>— Pienso que Marcel ya se había encerrado en su habitación antes de la época del cine.</p>
<p>— Cuán buenos hijos fueron. Cuánto nos quisieron.</p>
<p>— Y cuánto los quisimos.</p>
<p>— Nadie los entendió como nosotras.</p>
<p>— Nadie pudo cuidarlos como nosotras.</p>
<p>— Lo mejor para ellos era estar con nosotras.</p>
<p>— Con nosotras, sabían que nunca tendrían de qué preocuparse.</p>
<p>— Podían ser ellos mismos.</p>
<p>— Creo que con nosotras tuvieron su mayor felicidad.</p>
<p>Se escucha el sonido de unos infantes llorando, lamentándose como si fuese a quebrárseles el corazón.</p>
<p>Se abre una puerta.</p>
<p>Hay tres ángeles, cada uno sosteniendo en brazos un bebé perfecto.</p>
<p>Las tres mujeres se desabotonan las blusas.</p>
<p>Sonido de succión.</p>
<p>Y los ángeles sonríen ante esta alegría perfecta, rara incluso para el Paraíso.</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p> <em>Imagen: <a href="http://www.verarosemberg.com/" target="_blank">Vera Rosemberg</a></em></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>La tortuga y el zorro</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/06/la-tortuga-y-el-zorro/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Jun 2013 21:40:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">Debora Kuan
traducción de Fernando Montes Vera</p>
<p style="text-align: right;">Era perfecto en todo y por todo, no veré otro semejante.
-Shakespeare, Hamlet</p>
<p>Mi primer encuentro con la casa de mi colega Ivan Fox en Trenton fue durante una cena íntima a fines de verano. Era un atardecer templado. Otro colega, que vivía a unas cuadras de mi departamento en Princeton, me pasó a buscar. A medida que avanzábamos por la ciudad de nuestra universidad, la arquitectura gótica cubierta de hiedra y las fachadas de los comercios fueron dando lugar a edificios municipales de estuco, iglesias de un solo ambiente, alambrados, carteles pintados a mano y residencias victorianas deterioradas. En medio de la calle de Ivan había un grupo de adolescentes negros bloqueándonos el paso; nos observaron a través de la ventanilla y después se corrieron para dejar pasar  nuestro auto.</p>
<p>La ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/06/la-tortuga-y-el-zorro/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/ascensor.maja_.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-2794" alt="" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/ascensor.maja_-1024x835.jpg" width="1024" height="835" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Debora Kuan<br />
</em><em>traducción de Fernando Montes Vera</em></p>
<p style="text-align: right;">Era perfecto en todo y por todo, no veré otro semejante.<br />
-Shakespeare, <i>Hamle</i>t</p>
<p>Mi primer encuentro con la casa de mi colega Ivan Fox en Trenton fue durante una cena íntima a fines de verano. Era un atardecer templado. Otro colega, que vivía a unas cuadras de mi departamento en Princeton, me pasó a buscar. A medida que avanzábamos por la ciudad de nuestra universidad, la arquitectura gótica cubierta de hiedra y las fachadas de los comercios fueron dando lugar a edificios municipales de estuco, iglesias de un solo ambiente, alambrados, carteles pintados a mano y residencias victorianas deterioradas. En medio de la calle de Ivan había un grupo de adolescentes negros bloqueándonos el paso; nos observaron a través de la ventanilla y después se corrieron para dejar pasar  nuestro auto.</p>
<p>La casa quedaba en la esquina de una intersección con una calle cortada, con uno de sus lados completamente cubiertos por una pared de cuatro  metros de rododendros de tamaño exagerado. A través de las ventanas abiertas se escuchaba Vivaldi a todo volumen.</p>
<p>Cuando entramos, Ivan estaba en la cocina, rodeado de bandejas de ají morrón, paté de pollo y rebanadas de baguette. Me presentó brevemente a un hombre de mediana edad, Sherman, que había limpiado la casa aquella tarde y estaba saliendo de allí. Después me enteraría de que Ivan solía contratar a gente de su barrio para realizar pequeños trabajos en la casa, una reputación que solía servir de invitación para que ocasionales desconocidos abrieran las puertas —que nunca estaban con llave— y entraran lo más campantes a pedir dinero. Así fue que también había llegado a adquirir parte de su vajilla de porcelana de segunda mano—alguien simplemente había entrado a la casa y le ofreció vendérsela.</p>
<p>Mientras Ivan cocinaba, recorrimos el lugar. La casa tenía la decadencia profunda y sombría de una naturaleza muerta de Caravaggio: los marcos de las puertas tallados en castaño, bandejas de plata sin lustre y con fruta pasada, porcelana manchada de té, una colección extensa de caracoles de mar, lentes de leer desparramados por todas partes (“¡ah!”, Ivan exclamaría al encontrar uno de los pares mojado, luego de sentarnos a la mesa del patio trasero que estaba al lado de la laguna que él mismo había construido, “¡mis lentes!”). Tapices pesados y candelabros sucios alineaban las paredes. Había colgado en la sala de estar un teclado de un piano de cola de palisandro, que había sido retirado de su marco. Al pie de la escalera, un reloj de pie Arts &amp; Crafts con un frente de metal repujado anunciaba la hora con sus campanadas. Pero el descubrimiento más interesante aguardaba en el baño del piso inferior: una gran tortuga en la bañera de porcelana, con la cabeza apuntando al sumidero.</p>
<p>“¡Ivan!  ¿Tenés una tortuga?”, dije, saliendo de prisa.</p>
<p>Alzó la mirada de su libro de cocina y sonrió, una mirada de profunda satisfacción. No respondió.</p>
<p>Me sentí tonta. En cuanto las palabras salieron de mi boca, me di cuenta de que la tortuga estaba embalsamada. Me metí de nuevo en el baño y examiné la inquietante semejanza entre el reptil y algo vivo. El aire de <i>À Rebours</i> de la casa hacía que hasta las ideas más rebuscadas parecieran plausibles.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>En el trabajo, el cubículo de Ivan quedaba a la vuelta del mío, a unos diez pasos de distancia. Éramos los escribas sin gratitud ni prestigio del chivo más expiatorio de la educación estadounidense: la prueba estandarizada. Ivan había sido contratado mientras enseñaba en Princeton en 1996, una época en la que la compañía necesitaba filósofos para trabajar en el test de Razonamiento GRE. Cuando el programa caducó, él, junto con un par más, se cambiaron al grupo de Aprendizaje de Lengua Inglesa para trabajar en el TOEFL/Examen de Inglés como Lengua Extranjera.</p>
<p>Cada mañana llegaba a la oficina con sus rulos grises mojados y apelmazados por su rutina diaria de nado a las 6 am. Incluso a los 60, era seguramente el que estaba en mejor forma de todo nuestro edificio; no se le podía encontrar un gramo de grasa en el cuerpo. Su almuerzo de todos los días consistía en un bowl de aluminio lleno de vegetales crudos y garbanzos, embebidos en una vinagreta balsámica, y algunos cuadrados grandes de matza. El té que tomaba venía en saquitos de muselina. Era alto, de piernas largas, su piel oliva agrietada profundamente por un historial de tabaquismo, su nariz larga, de cóndor, a veces húmeda, algo de lo que aparentemente no estaba al tanto. Las uñas de sus dedos tenían tierra incrustada de hacer jardinería, y sus camisas Oxford a menudo estaban manchadas.</p>
<p>Ivan siempre estaba disponible, cordial y generoso, feliz de discutir sobre cualquier cosa. Nunca estaba de mal humor. Yo lo pensaba como una persona gobernada enteramente por la razón, como los equinos Houyhnhnm en los <i>Viajes de Gulliver</i>, inmune a las vicisitudes emocionales, tanto en él como en otros.</p>
<p>Una vez, al reparar en una copia de <i>El Paciente Inglés</i> de Michael Ondaatje que había en su escritorio, expresé mi sorpresa de manera manifiesta. Se balanceó en su silla. “Un amigo me lo prestó. ¿Por qué? ¿Pensás que no me va a gustar?”, preguntó. “No, no te va a gustar, no te va a gustar en absoluto”, dije, riendo. Antes de que pudiera decirle “Ondaatje es un Romántico Tardío”, me interrumpió, diciendo “Porque, si de algún modo se trata sobre la condición humana, ¡no me interesa!”.</p>
<p>No era infrecuente que Ivan me interrumpiera al hablar. Tampoco lo era que te hablara luego de que, de manera ostensible, hubieras terminado la conversación y te hubieras alejado. Tenía una tendencia a pontificar —estridentemente, modulando el tono de manera teatral—al punto de cansarte. Para empeorar las cosas, era imposible sostener tu posición frente a la suya en una discusión. Una vez, una colega salió corriendo en pleno llanto. Mary, la jefa de nuestro equipo, a pesar de que lo conocía hacía mucho tiempo, se lo tomaba de manera menos personal.  Una vez llegó a golpear la mesa de la sala de conferencias, tras repetidos intentos de silenciarlo cordialmente, y gritó, “¡Suficiente, Ivan, callate!” sin mayores resultados. La piel de Ivan era gruesa.</p>
<p>Solía almorzar todos los días con un amigo suyo, otro colega filósofo de nuestro departamento, hasta que el amigo abandonó la empresa por otro trabajo. Comían en la pequeña biblioteca entre su cubículo y el mío. En el piso, todos los de nuestro lado podían escucharlos gritar sus argumentos y contraargumentos detrás de la puerta cerrada, intentado resolver lo que, apenas puedo imaginar, se trataba de asuntos de metafísica y epistemología. Más tarde, la gente se quejaría del estado en el que dejaban la biblioteca al terminar sus infames almuerzos—restos de comida desparramados por las sillas, mesas, libros.</p>
<p>Para gratitud de muchos, llegó un punto en el que finalmente los hábitos antihigiénicos de Ivan tuvieron consecuencias. Luego de casi una década en su cubículo, comestibles vencidos, suciedad, hebras de té y otros residuos le valieron un apercibimiento oficial de peligro sanitario por parte del equipo de limpieza. Pegaron el aviso en la entrada de su cubículo y lo precintaron. Sin inmutarse, Ivan reclutó a un pasante leal para que lo limpiara.</p>
<p>Cuando recibía mis sets, aniquilando invariablemente 9 de 13 de mis preguntas y mandándome de vuelta a la mesa de dibujo, se paraba en la entrada de mi cubículo y me presentaba mi derrota en la forma de un fajo de páginas impresas, plegadas, manchadas y anotadas con garabatos en lápiz oscuro. Después acercaba una silla y revisaba conmigo qué problemas había con, efectivamente, todo. Él no creía en dejar en paz algo que era bueno y ya; él quería perfección.</p>
<p>A pesar de que a veces era exasperante, ese trabajo extra que hacíamos juntos solidificó nuestra amistad. Me gustaba la manera familiar en la que entraba a mi cubiculo, aun cuando yo estaba hablando con alguien más, y me daba rebanadas de pan con semillas de amapola, o cajas de té Kusmi. Me gustaba que se apoltronara en mi silla, cruzara las piernas, se sacara los lentes y retomara donde había dejado el día anterior. Recuerdo un año en que volvimos del Festival Anual de Asiáticos y Habitantes de las Islas del Pacífico y yo llevaba una caligrafía china que había escrito en papel de arroz,que le di a él.</p>
<p>“¿Qué dice?”, dijo, pinchándola en su pizarra de anuncios.</p>
<p>Le señalé los dos caracteres, <i>hao ren</i>. “Buen hombre”, dije. “Ese sos vos”.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Ivan había comprado la casa en la esquina de Beechwood y Stacy en estado de deterioro por US$110.000 a fines de 2002. Una de las vigas madre estaba podrida. El cableado eléctrico era un desastre. La cocina medía apenas lo suficiente como para que entraran tres personas. Pero como era una residencia Arts &amp; Crafts y él se había dedicado a aprender carpintería durante un hiato en la escritura de su tesis en Harvard, había esperado poder refaccionar el lugar con la ayuda de su hermano, un ingeniero electricista.</p>
<p>Se sorprendió cuando vio la escritura de la casa. Aseguraba que había sido construida en 1930. “Construida con instalación de gas—¿en 1930?”, dijo con estridente incredulidad. “También tenía electricidad. En el pasillo hay una caja empotrada con esmero, tiene un marco de roble abigarrado con broqueles decorativos de hierro y un panel de cristal diáfano, ¿y qué era eso? ¿Era un altar o algo así? ¡No, era la caja de fusibles original! Pero eso fue en una época en que la mera posesión,  la mera novedad y, en efecto, la sofisticación y demás de tener electricidad era algo no para esconder en un armario, ¡sino para exhibir en el proscenio!”. Los arreglos que Ivan y su hermano hicieron fueron tan extensos que, en un punto, le cancelaron el seguro de la casa. Alguien había mirado a través de la ventana, había visto la cocina destripada y el living desarreglado, y concluyó que nadie podía estar viviendo allí, especialmente sin calefacción en pleno invierno. Tuvo que llamar a su compañía de seguros para asegurarles lo contrario. En la foto de este período que me envió llevaba puestas antiparras, una máscara de gas, un sombrero al crochet color lavanda con correa; estaba parado en una escalera y blandiendo una sierra eléctrica.</p>
<p>De todas las habitaciones de la casa, era su trabajo en la cocina, sin embargo, el que más orgullo le generaba. La diseñó con dos arcos de madera cubiertos en estuco y mesadas elevadas de manera tal que fueran cómodas para su altura. Construyó las alacenas en ángulos innecesariamente complicados—en un lugar, esto resultó en un cajón con forma de L— simplemente como un desafío de construcción. Su ingenuidad quedaba en evidencia en el resto de los ambientes: el grueso de los muebles en la sala de estar había sido obtenido a partir de muebles usados que las universidades en las que enseñaba habían descartado. En el patio, un candelabro de vidrio trabajado colgaba de un árbol.</p>
<p>Pero para una persona que disfrutaba de arrojarse a complejos problemas y desafíos, simplemente porque sí, siempre me resultó extraña su falta de curiosidad por la manufactura digital. No tenía televisión y por un tiempo tampoco tuvo un teléfono que funcionara. Aun cuando su teléfono llegaba a sonar, tendía a no responderlo. Se refería a los DVDs como “los más nuevos” y a los VHSes como “los de tamaño libro”, a pesar de que no poseía ni los unos ni los otros. Cuando se le rompía la computadora en el trabajo, le daba mucho placer decir que simplemente estaban “intentando reconciliar las diferencias entre ambos”.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>“¿Dónde está tu <i>joie de vivre</i>?”, me preguntó una mañana, al verme arrastrar los pies hacia la cafetera, rumiando vaya a saber qué. Era una pregunta simple y, supongo, una manera más elegante de pedirme que sonriera —un pinchazo que normalmente detesto, ya que tiende a ser una interpelación condescendiente y sexista—. Pero Ivan no me estaba pidiendo que sonriera. No era un viejo pinchando a una jovencita para sacarle una expresión bonita. No, su pregunta era, por lejos, mucho más genuina, como lo era su uso de la <i>mot juste</i>: <i>joie de vivre</i>, esa condición de vitalidad que él tenía en tanta abundancia.</p>
<p>Era ese aspecto de su carácter —ese <i>joie de vivre</i>—, sospecho, lo que lo apartaba de contemplar su carrera en ETC como un fracaso respecto de sus ambiciones originales. Ciertamente, él no lo veía así. En vez de eso, él sentía que no estaba hecho para ser un académico. “Todos los comités, el lobby, conseguirles trabajo a los estudiantes de uno”, él no era bueno para eso. También era, según admitía por completo, improductivo en términos de publicación. “Ya tenía una gran opinión sobre mí mismo así que no me interesó hacerme un nombre”, se rió. “De todas formas, uno desconoce su propio destino. ¡Ahora veo que se suponía que yo fuera un desarrollador de exámenes!”. Una de las historias que más le gustaba contarnos era sobre cómo, cuando era niño, había diseñado un examen para que lo rindiera su maestra. Se le había ocurrido que si los estudiantes tenían que dar exámenes, ¿por qué no ella? Luego de eso, le sorprendió ver que la maestra había respondido correctamente todas sus preguntas.</p>
<p>Ivan se arrojó a la vida de nuestro departamento y se ocupó de humanizar su cultura corporativa. Para Purim, solía cocinar hamantaschen—semillas de amapola y ciruelas pasas— y repartirlas por todos los cubículos. A fines de verano, organizaba el picnic de agradecimiento para los pasantes de verano, cocinando la comida y jugando al <i>Corn Hole</i>—las implicaciones escatológicas del nombre le resultaban hilarantes. Cuando dejé la compañía por un nuevo trabajo en Nueva York, fue Ivan quien se ofreció para organizar mi cena de despedida en su casa.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>El año pasado, cuando publiqué mi primer libro de poemas, le mandé un mail para avisarle. Siempre había apoyado mi escritura. Había venido a mis lecturas y siempre había querido escuchar sobre cualquier cosa en la que estuviera trabajando. Una vez, y para mi infinita mortificación, le mandó un mail a todo nuestro departamento, de más de ochenta personas, después de que yo le contara en privado que había quedado finalista en un concurso para publicar autores inéditos. Por todo esto me sorprendió no recibir respuesta después de escribirle. Quizás nuestra relación había cambiado luego de no verlo por tanto tiempo, de ya no trabajar con él, pensé. Pero aun así parecía extraño. Después de todo, cuando le había escrito la primera vez con noticias de que mi libro había sido aceptado para su publicación, me había respondido inmediatamente diciendo cuán encantado estaba y cómo finalmente tenía una razón para abrir la botella de champagne que le había regalado.</p>
<p>Cuando visité la oficina un tiempo después y descubrí que, misteriosamente, no había estado yendo a trabajar por un mes o más, me empecé a preocupar. Le pregunté a la gente con la que vivía. Le pregunté a nuestro amigo mutuo Paul, un historiador en el departamento de sociología, que había sido uno de los sus amigos más íntimos. Los dos habían comenzado a trabajar el mismo día en 1996. Paul se desentendió de mis preguntas con indiferencia, diciendo, “Ah, ya sabés cómo es Ivan, puede ser cualquier cosa”. Dejé que su despreocupación me persuadiera de que todo estaba bien, a pesar de que otra parte de mí se preguntaba por qué, siendo tan buen amigo, no estaba más preocupado. En mi mente, si Ivan hubiera estado de sabático o en algún tipo de viaje extendido, seguramente no lo habría mantenido en secreto. No habría razón para ello. Sólo podía ser algo malo—lo que encajaba más con su carácter independiente y terco, evitando que la gente armara revuelo por él, o peor, que lo ayudaran.</p>
<p>Mis intuiciones eran correctas. No mucho después de haber visto a Paul y su esposa para su cumpleaños y haber preguntado por Ivan otra vez, sin respuesta, recibí una llamada de otra amiga mía. Era sábado. Yo estaba a punto de salir en un viaje de trabajo. Tengo malas noticias, dijo.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>El cáncer, cuando los doctores lo encontraron, estaba en etapa cuatro. Ya se había diseminado de su estómago al esófago. Había hecho una ronda de quimio, por recomendación de su médico. Falló. Cuando su oncólogo le pidió intentar otra, se rehusó, exigió ver qué drogas estaban incluidas y las declaró veneno a todas. En el mes antes de morir, había insistido en hacer un último viaje con su familia a Yellowstone, algo que había planificado antes del diagnóstico.</p>
<p>Paul me llamó unos días después de que Ivan falleciera para decirme que él lo había sabido durante todos esos meses de misteriosa ausencia. Ivan le había hecho prometer mantener el secreto.</p>
<p>Naturalmente, el funeral se celebró en lo de Ivan. Paseé por la casa luego de conocer a sus hermanos.  Miré dentro del baño y mi vieja amiga estaba allí en la bañera. En una mesa del patio, los parientes de Ivan habían dispuesto algunos álbumes de fotos familiares. Los hojeé, mirando fotos de Ivan de cuando era niño, vestido de vaquero, y de adolescente, tan joven y guapo, con cabello largo y enrulado y un par de auriculares en sus orejas, jugando con sus amigos. Hasta ese punto sólo había visto una foto de Ivan de niño, que solía estar metida dentro del marco de su diploma de Harvard. Era él, probablemente a los nueve o diez, con una serpiente alrededor de su cuello, contemplando la cámara con una expresión de pura alegría en su rostro. Aquí estaba otra vez, en el álbum, junto con sus fotos de la escuela, fotos de navidad y pascuas, graduación.</p>
<p>¿Navidad y pascua? Miré hacia arriba y les pregunté a las mujeres que estaban mirando por sobre mi hombro. Había creído que Ivan era judío. Una mujer de mayor edad, cuyo nombre y filiación con Ivan desconocía, me dijo que ese no era el caso. Ivan había sido criado como presbiteriano. De hecho, nadie sabía cuándo se había convertido al judaísmo, o cómo, porque recién le había contado a su familia hacía muy poco. Todavía estaban lidiando con el desconcierto en el funeral.</p>
<p>Esta nueva  información embarró mi lectura de las elecciones de vida de Ivan. La narrativa que había supuesto cierta era que había sido criado culturalmente judío y, en un punto de su vida adulta, se había vuelto más religioso a través de sus propias exploraciones. Envueltas en algún lugar de esta conveniente ficción que me había armado se encontraban mis presunciones sobre su sexualidad—esencialmente, que, por razones motivadas por la religión, nunca había encontrado pareja. En mis momentos más atrevidos, le había preguntado a Ivan sobre su soltería —me enteré de algunas relaciones y citas, una notoriamente mala con una mujer que había conocido en un bris— pero por lo general, sentía que tenía que tomar lo que compartía de manera literal. Yo había registrado una oración perfectamente articulada, que había emitido la única vez que me había visitado en Brooklyn. Está escrita en mi cuaderno: “Tengo una mentalidad perfectamente abierta en lo que refiere al sexo hasta que me confronto con sus particulares.”</p>
<p>Le pregunté una vez si había querido tener hijos alguna vez. “’¡Dios mío, no!”, escupió. No le interesaba asumir la tremenda responsabilidad, explicó, por cómo podía llegar a resultar otro ser humano, ya que nunca había garantía alguna, sin importar cuán concienzudo fuera uno como padre o madre. Pero cuando discutimos largo y tendido sobre su casa, detecté con claridad una punzada de melancolía al revisitar el tema. Llegó a decir que, de haber tenido hijos, tendría que haber buscado escuelas públicas en el área antes de comprar su casa. Después hubo una pausa larga, a la que sus frecuentes tartamudeos dejaron vacante esa vez. “Pero no tengo, así que…”, zanjó, esfumándose.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>En vista de las novedades, aquellos que lo veíamos como un mentor —especialmente los jóvenes—, un académico e incluso una especie de figura paternal intentamos respetar el hecho de que nos habían ocultado la verdad mientras él estaba muriendo. Es lo que él había querido, y nunca le hubiéramos reprochado su privacidad o su dignidad. Pero el hecho de que hasta el final hubiera sostenido que no pensaba que lo fuéramos a extrañar era algo más duro de tragar. Cada uno de nosotros había albergado la humilde creencia de que le importábamos  tanto como él a nosotros. Esto era fácil de creer: cuando su sol te iluminaba, te sentías brillante  en su lugar, digno de su tiempo y atención, elegido y único.</p>
<p>Si su muerte nos había dejado dudas, entonces teníamos que vivir con ambas.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Durante su última semana, según nos contó su hermana Carla, Ivan le había pedido a la enfermera de la clínica y sus parientes que lo llevaran a la solana, su lugar favorito de toda la casa, construido con un cielo raso empotrado y piramidal. Desde allí podía mirar hacia afuera y ver su jardín y laguna. Durante el funeral, otro amigo, que también había trabajado con Ivan, puso su laptop sobre la mesa en el lugar donde había estado su última cama, y miramos videos de él dando sus famosos discursos en reuniones de departamento, provocando carcajadas en toda la sala de conferencias.</p>
<p>Camino a la estación de tren con Paul y Kate, Kate me dijo que cuando la compañía había anunciado la publicación de su último artículo filosófico en su sitio interno, él lo había sentido como una ofensa hacia mí, diciendo, “El mío era sólo un artículo, ¡Debbie publicó un libro! ¡Deberían anunciar eso!”. Que hubiera hablado por mí se sintió, en ese momento, como el único consuelo que tenía. Me aferré a eso como a un junco resbaloso y delgado—quizás estaba diciendo esto sólo para consolarme, temí—mientras circulábamos por las calles de Trenton, cada vez más lejos de su casa.</p>
<p>Luego Paul contó una historia sobre cómo una vez Kate había caído en lo de Ivan sin avisar, sólo para saludar. Entró—por supuesto, las puertas nunca estaban cerradas con llave—y lo llamó, pero no estaba en la cocina, ni en la sala de estar, ni en la solana, ni en el porche. Intentó en el jardín. Finalmente lo encontró bajo un árbol, con una copa de vino, mirando el cielo. “Gracias a Dios, ¡estás acá!”, dijo él. “Me muero de hambre. ¡Comamos!”</p>
<p>La semana después de que murió busqué rastros de él en internet y no encontré prácticamente nada—sólo algunos de sus <i>papers</i> a la venta en páginas de publicaciones filosóficas y el anuncio de su funeral en Ohio. ¿Eso era todo? No parecía correcto. Más tarde esa misma noche, abrí mis ventanas de par en par al terminar una tormenta eléctrica de verano e hice que sonaran a todo volumen, como él había hecho la primera noche, las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi, en la calle indiferente y oscura. Pensé que el mundo tenía que enterarse de lo que había perdido. Un buen hombre, uno de los mejores que conocí.</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p><em>Imagen: Yolanda del Amo</em></p>
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		<title>Victoria Redel</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jun 2013 06:18:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p></p>
<p style="text-align: right;">traducción de Valeria Meiller</p>
<p>PUNTO DE NO RETORNO</p>
<p>Como cuando mi padre vuelve a desvanecerse
y el doctor sale para decirnos que puso una ventana en su corazón.</p>
<p>¡Por fin! Los años inescrutables terminaron. Miro adentro
antes de que el vidrio se empañe, antes de que pueda comprar cortinas o persianas.</p>
<p>Será un ventanal, yo seré una curiosa que espía.
Imaginate los balcones de secretos, los anhelos: nuestro futuro una maceta al pie de la ventana de corazón a corazones.</p>
<p>Después está despierto, pide morfina,
su dolor es mayor que en la primera cirugía.</p>
<p>En las próximas rondas el doctor aclara:
la ventana es más bien como una canaleta así que puede drenar fluidos.</p>
<p>Y recuerdo a mi padre en la escalera
bajando hojas y raíces, cada año diciendo, ¿Necesito este tipo de problemas?</p>
<p>Diciendo, ¿Un techo nuevo? ¿Creen que estoy hecho de plata?
Cerrá las cortinas. Dejalo descansar. Dejá que me siente ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/06/victoria-redel-es/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/LaGrave-Hotel.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-2542" alt="LaGrave Standard Hotel" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/LaGrave-Hotel-1024x768.jpg" width="1024" height="768" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>traducción de Valeria Meiller</em></p>
<p>PUNTO DE NO RETORNO</p>
<p>Como cuando mi padre vuelve a desvanecerse<br />
y el doctor sale para decirnos que puso una ventana en su corazón.</p>
<p>¡Por fin! Los años inescrutables terminaron. Miro adentro<br />
antes de que el vidrio se empañe, antes de que pueda comprar cortinas o persianas.</p>
<p>Será un ventanal, yo seré una curiosa que espía.<br />
Imaginate los balcones de secretos, los anhelos: nuestro futuro una maceta al pie de la ventana de corazón a corazones.</p>
<p>Después está despierto, pide morfina,<br />
su dolor es mayor que en la primera cirugía.</p>
<p>En las próximas rondas el doctor aclara:<br />
la ventana es más bien como una canaleta así que puede drenar fluidos.</p>
<p>Y recuerdo a mi padre en la escalera<br />
bajando hojas y raíces, cada año diciendo, ¿Necesito este tipo de problemas?</p>
<p>Diciendo, ¿Un techo nuevo? ¿Creen que estoy hecho de plata?<br />
Cerrá las cortinas. Dejalo descansar. Dejá que me siente en la oscuridad a su lado.</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p style="text-align: right;"><em>Imagen: <a href="http://www.magneticlaboratorium.com/" target="_blank">Marisela LaGrave</a></em></p>
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		<title>Tarjeta de cumpleaños</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/04/tarjeta-de-cumple-2/</link>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 18:54:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">Dorothy Spears
traducción de Rodrigo Marchán</p>
<p style="text-align: justify;">Un hombre impotente de vacaciones, tan potente en el trabajo, va a su mujer todas las noches y en cada siesta. “Necesito demostrar que soy norm…ehh, que está todo bien”, suspira ondulante en su desesperación.</p>
<p>La mujer entierra su cara en la funda sintética de la almohada y se acuerda una discusión que tuvieron hace diez años acerca de una tarjeta de cumpleaños que le mandó George. El la había acusado de intentar arruinarlo, alegando que su necesidad de discutir el tema de la tarjeta de cumpleaños era atentar contra su autoestima. Fue unos meses después de casarse, él escogió el regalo de bodas favorito de ella, un bowl Navajo, y lo reventó contra el piso de roble del departamento.</p>
<p>Esta mañana, luego del desayuno y de otro intento decepcionante, ella sale ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/04/tarjeta-de-cumple-2/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/vassallo-for-spears.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1730" alt="Vasallo_Spears" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/vassallo-for-spears.jpg" width="730" height="488" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Dorothy Spears</em><br />
<em>traducción de Rodrigo Marchán</em></p>
<p style="text-align: justify;">Un hombre impotente de vacaciones, tan potente en el trabajo, va a su mujer todas las noches y en cada siesta. “Necesito demostrar que soy norm…ehh, que está todo bien”, suspira ondulante en su desesperación.</p>
<p>La mujer entierra su cara en la funda sintética de la almohada y se acuerda una discusión que tuvieron hace diez años acerca de una tarjeta de cumpleaños que le mandó George. El la había acusado de intentar arruinarlo, alegando que su necesidad de discutir el tema de la tarjeta de cumpleaños era atentar contra su autoestima. Fue unos meses después de casarse, él escogió el regalo de bodas favorito de ella, un bowl Navajo, y lo reventó contra el piso de roble del departamento.</p>
<p>Esta mañana, luego del desayuno y de otro intento decepcionante, ella sale a dar un paseo en bicicleta. En el camino los obreros de la construcción la saludan y le gritan “Salaut”. Taladran piedras para construir una pared.</p>
<p>Excepto uno, el de pelo grueso negro y cuerpo robusto. Los obreros vuelven saludar más tarde, cuando van los cuatro juntos, una familia como cualquier otra, el padre enseñando al más grande a andar en bici sin rueditas. El chiquito todavía trata de andar con los apoyos. Cuando viene un auto por el camino, el miedo se manifiesta en ojos fijos y paralizados, la bicicleta se le cae en la mitad de la calle. O a veces, olvidándose de apretar los frenos—hay tanto que aprender, a los tres años está demasiado ansioso porque el hermano mayor no le saque ventaja—se choca contra una pared o termina disparado por sobre el borde de la calle hasta la cuneta.</p>
<p>El obrero apuesto se rasca el cuello y vuelve en silencio a taladrar piedras. El sol se refleja en la transpiración de su piel. El marido también lo nota. Empieza a llamarlo el “chongo”. Se le ocurre mientras sale a trotar. Pagarle al “chongo” para que se la coja. La idea lo calienta. Le muestra su esposa lo dura que la tiene y desliza su mano para manosearle la bombacha.</p>
<p>El paisaje es abrasador, las hojas de las higueras retorcidas de tan resecas. Ramas de eucaliptos se quiebran ante el viento caliente. Señales en Alemán. Lo esencial de la isla se escapa. Los olivos se marchitan achicharrados, abandonando al fin lo que parecieron interminables siglos de lucha, para producir, reproducirse.</p>
<p>El marido le estuvo contando al hijo mayor varios mitos griegos. Hace unos días fue Prometeo, personaje con el que el marido a menudo se identifica, atado a una roca para que su hígado sea devorado por los pájaros. Hoy, en el almuerzo, tocó Tántalo, a quien por un castigo de los dioses le eran negados los placeres de la fruta y el agua. Cada vez que Tántalo se esfuerza por alcanzar una rama elevada, ésta retrocede fuera de su alcance. Lo mismo cuando se agacha para beber, el agua se retrae inalcanzable para sus labios ansiosos.</p>
<p>Mientras cuenta el mito de Tántalo, a ella se le aparece, por algún motivo, el recuerdo de George, el tío de su esposo. Se imagina a George con su marido siendo un niño, escuchando la misma historia de Tántalo. Quizás una manera de George para lidiar con su propia frustración de no poder probar los frutos ofrecidos por su hermoso y joven sobrino. Ella recuerda a su esposo contándole que George, el hermano mayor—y el más exótico—de su madre, les resultaba fascinante a todos los hermanos. De niños George relataba los mejores cuentos. Imagina que el mito de Tántalo era la manera de George de regañar a su marido por ser tan tentador y al mismo tiempo, tan prohibido.</p>
<p>La foto en la tarjeta de cumpleaños de George, se acuerda clarito, mostraba un patovica musculoso y aceitado en una bikini de hilo rojo. Un gran corazón rojo tapaba su bulto. “<i>Feliz cumpleaños para alguien cuyo corazón es tan grande como el tamaños de su….</i>se leía en la portada. Adentro, garabateado por el querido tío George: ¡¡¡<i>Te lo dice alguien que de esto sabe!!!</i></p>
<p>Ella había roto la tarjeta en pedacitos, su esposo la había abofeteado.</p>
<p>El relato del mito de Tántalo lleva la charla hacia la tragedia en general. Ella junta la vajilla del almuerzo y la sumerge en agua con detergente. Su hijo mayor se toca el labio hinchado. ¿Esto es una tragedia?, pregunta.</p>
<p>El marido lo mira desolado, como si su propia tragedia no fuera suficiente.</p>
<p>Ella frunce el ceño y limpia un cuchillo.</p>
<p>El día anterior, mientras mordía un carozo de durazno, el hijo mayor pegó un grito. Sus dientes de leche todavía no se habían terminado de caer y ella sospechó que el dolor tenía algo que ver con un diente flojo. Pero cuando le miró la boca, la encía superior estaba roja e hinchada. Lo llevo a una dentista cerca del puerto. La encía sobre los dientes delanteros estaba infectada y la infección se estaba expandiendo sobre el labio. Estaba sorprendida—y asustada—por la gravedad de la situación y también por no haberlo detectado antes. El dentista perforó la infección, drenó el pus y la sangre, mientras su hijo mayor se retorcía en la silla acolchada.</p>
<p>Le dice al hijo mayor, con seguridad: “No. Un diente infectado no es una tragedia. Duele, pero eso es todo.” Le recuerda que los antibióticos que recetó el dentista están haciendo efecto, recién se comió una baguette.</p>
<p>En uno de los paseos en bicicleta ella y los chicos conocieron una mujer de más o menos su edad, Margalida. Vive cerca, en la quinta de su padre. La madre les cuenta a todos algo que Margalida le dijo: su propia madre murió cuando ella nació.</p>
<p>“<i>Eso </i>es una tragedia”, dice la madre.</p>
<p>“¿Quién es Margalida? ¿Qué quinta?”, pregunta el marido.</p>
<p>Sus hijos lo ignoran. Ya saben, por los paseos en bicicleta que hacen con la madre, que el padre de Margalida tiene la quinta con el pavo. Sostienen sus cabezas con las manos, sopesan la pésima suerte de crecer sin madre.</p>
<p>“Eso es terrible”, dice el más grande. “Necesitamos a nuestras mamás.”</p>
<p>“La mamá no está muerta”, dice el más chico, que tiende a ver el lado optimista.</p>
<p>“Ah, ¿no?” dice la madre.</p>
<p>“No”, sacude la cabeza con fuerza. “Simplemente está trabajando.”</p>
<p>“¿En serio?” sonríe la madre. “¿Trabajando en qué?”</p>
<p>El más chico murmura algo que suena como “sobreviviendo”. Pero sobreviviendo no es una palabra que el chico conozca. “¿Qué?” pregunta</p>
<p>“Manteniéndose <i>viva”, </i>dice, indignado.</p>
<p>Un par de días mas tarde, le pide “Mamita, no estés muerta” y ella le promete que no.</p>
<p>El marido está tan obsesionado con su tema sexual que para ella se ha vuelto imposible obtener placer de las cosas más simples. La vista que tiene por la ventana, por ejemplo, mientras reposa al sol y se unta crema humectante en las piernas. El caballo en la vereda de enfrente, que baja los damascos silvestre golpeando las ramas con la cabeza, al mismo tiempo que espanta a los cerdos para poder comer toda la fruta que cae al piso. Las ancianas jorobadas juntando tomates en sus delantales. Las cabras y ovejas pegadas a las paredes o balando bajo la sombra de los ficus, almendros y olivos.</p>
<p>El sonido constante de los picapedreros.</p>
<p>El “chongo” está con una carretilla en la parte de atrás de la casa del vecino mezclando cemento. La mira a través de una fila de cipreses recién plantados. Ella se zambulle en la pileta y empieza a nadar unos largos. Da brazadas sin levantar la cara del agua. Sale de la pileta, respira profundo. El agua chorrea por su cuerpo. Mete la cara en una toalla áspera – la lencería en este lugar es una porquería – y se derrumba en una silla de plástico. La luz tenue de la media tarde deja paso a un brillo rosado de atardecer que pega sobre las laderas del “Tramuntanya.” En la brisa seca vuelan cáscaras de unos eucaliptos ralos. Se acuerda de las espinas de los cactos, los pinchos encarnados que no puede sacarse. Se siente usada, lo nota. Su marido la está utilizando para convencerse que todo está bien. La verdad es que las cosas nunca han estado bien.</p>
<p>Una mañana Margalida los pasa a buscar en su auto rojo y los lleva a su playa favorita, <i>“Platja Muro”</i>. Viene con otra amiga, Antonya, una mujer cuarentona.</p>
<p>“Tengo la corazonada que las olas van a estar gigantes!” grita su hijo mayor, extasiado, desde el asiento de atrás.</p>
<p>Sólo conoce unas pocas palabras en mallorquín, pero trata en castellano de traducir la palabra corazonada. Se las rebusca para hacerse entender. En el espejo retrovisor, Margalida sonríe.</p>
<p>Las olas en <i>Platja Muro </i>son suaves. Saltando entre las olas que le llegan a la cintura, su hijo más chico extiende sus brazos como para abrazar a todos. “Si el agua es un helado, ¡lo podemos chupar!” dice, mostrándole la punta rosada de su lengua.</p>
<p>“¿Qué dijo?” pregunta Margalida. A ella le encanta la energía del menor, juega a levantarlos y hacerlo girar en círculos.</p>
<p>Antonya se va a buscar almejas y, mientras los chicos construyen un castillo de arena, Margalida le cuenta que Antonya es una eminente profesora de psicología en la universidad de Palma y también una lesbiana militante. Después del abandono de su pareja cuatro años atras, Antonya sufrió una sordera total. También padece migrañas intensísimas. A pesar de ser una activista gay eminente, no puede trabajar. Margalida cuenta que, aparte de ayudar en la quinta de su padre, ella tampoco ha podido conseguir un trabajo decente. En la economía de la isla, parece, un título en psicología o una educación universitaria no hace ninguna diferencia. Margalida podría irse al continente. Pero dice que eso le rompería el corazón a su padre.</p>
<p>En realidad, Margalida explica, Antonya puede <i>oír, </i>pero lo que escucha es terrible—como el chirriar de metales rozándose en una maquina.. Margalida imita el sonido de un taladro neumático. “IH IH IH IH IH”—Insoportable, agrega, encogiéndose de hombres y frunciendo el ceño.</p>
<p>“IH IH IH IH IH!” su nueva amiga repite.</p>
<p>Se miran con sobriedad. Entonces, de manera absurda, se largan a reir.</p>
<p>“No, fuera de broma, es una tortura”, dice Margalida, recomponiéndose.<br />
Le cuenta que a Antonya le dieron el alta en un hospital psiquiátrico, después de haber querido cortarse las muñecas. Nadie pudo saber que fue lo que la puso tan mal.</p>
<p>“Es una tragedia”, dice la madre. Mira a su hijo más grande tirarse entre las olas tiernamente ondulantes y espera que el agua salada ayude a curar la infección.</p>
<p>“Una tragedia”, repite Magalida.</p>
<p>“Una tragedia, tal cual. <i>“Tratjedita”, </i>así se dice. ¿No?”</p>
<p>Se vuelven a mirar. Margalida levanta los hombros.</p>
<p>De vuelta en la casa, el marido no para de llorar. “Si esto no termina pronto”, dice, en un tono inconstante. Empieza a pegarse en todo el cuerpo. Parece como si con el puño estuviera pegándose en la entrepierna. Se siente aterrada.</p>
<p>“¡Basta!” grita. Le pone una toalla mojada en la espalda para calmarlo, se sienta en la cama a su lado. El lagrimea sobre el colchón de pelo de caballo.</p>
<p>Ella camina hasta el mueble, donde un rosario de madera cuelga del espejo. Mientras lo descuelga ve que tiene escrito una tarjetita en Mallorquín, en la que alguien pide rezos para que un familiar deje el purgatorio.</p>
<p>“Decime que estuvo un poco mejor,” le suplica el marido. “Mejor, ¿no? ¿Un poquito? ¿No te parece?”</p>
<p>Pero ahora está enojada. Claro que estuvo mejor para él, le dice. El <i>acabó. </i>Pero para ella fue un desastre, su puño metido como una piedra entre sus cuerpos, solo para darle firmeza a su pija blanda. El reloj de veinte mil dólares raspándole la pelvis. “¿Para qué tenías la mano ahí?”, le grita. “¿Por qué no la soltaste?” Y ese reloj de mierda dale que dale contra mi cuerpo. No, no fue mejor. Una mierda. Casi ni te pude sentir.”</p>
<p>Se abre la puerta del dormitorio. El hijo mayor se interpone sobre la luz del pasillo.</p>
<p>“Mama, ¿cuál es la velocidad de la vista?”, le pregunta, bamboleando en el umbral de la puerta, como si dudara entrar. El más chico también aparece, el dedo en la boca.</p>
<p>En el Juzgado, defendiendo casos públicos complejos, el marido es un campeón. Por ejemplo, en el caso de principios de año, donde un predador en Internet, hombre, 25 años, habitué de una sala de chat de adolescentes, con regalitos y zalamerías, logró conocer y asesinar a una nena de trece años. Su marido era persuasivo, su cara apenas ruborizada, el reloj acompañando cada gesto. “A esto apuntamos en los tiempos de Internet” le dijo al jurado. “Esto les puede pasar a sus hijos”. Lo que no dijo, a pesar de que sabía que era cierto, es que el predador puede ser alguien que amás, alguien con quien creciste, alguien a quien ves en Navidad. Que el acosador puede seguir llamándote al trabajo y enviarte recortes de diario con noticias que le hacen acordar a vos (que son muchas). Que el acosador es, finalmente, parte de vos.</p>
<p>Mientras mira su codiciado reloj, regalo de George, por supuesto, el marido le informa al jurado, “En este momento, el 85% de las adolescentes contactadas por un sujeto no identificado en las salas de chat aceptan encontrarse con él. Nuestras leyes necesitan adecuarse a estos tiempos. Necesitamos proteger a nuestros niños”. Ganó el caso. El predador en cuestión fue condenado. George, por su parte, brindará con él en la fiesta del feriado largo en casa de sus padres, el fin desemana siguiente.</p>
<p>Ella quiere que pruebe con una puta. Así puede practicar con alguien más. El amenaza con saltar del acantilado en Deya.</p>
<p>En los últimos días de las vacaciones, el coro que hacían los obreros picando piedras se vuelve un rechinar de taladros y sierras mecánicas. El sonido es insoportable. La esposa revisa las guías de turismo y empieza a armar, obsesiva, días de campo lejos del ruido de las máquinas. Van desde la casa alquilada hasta el faro en la punta de Formentor, caminan por un rato, almuerzan en un pequeño café y toman helado en el puerto antes de pegar la vuelta. También a los desbordantes jardines moros de Alfabia, con una parada para comer en los boliches que están en los rosales de Valdemossa después de una visita a la capilla donde George Sand y Chopin pasaron el invierno una vez. Compran horchatas, el trago local, leche fría con almendras picadas. Pero otro ruido los persigue, de manera que a cada lugar al que van los persigue un silencio opaco y contrito.</p>
<p>En la última noche en la isla, después de cenar, ella sale a caminar con sus hijos. Los obreros ya se fueron. El “chongo”, que perdió todo atractivo por el ruido de las máquinas, probablemente esté en su casa comiendo <i>tumbet</i> con su familia. Ahora, para su alivio, la nochecita da lugar a un clima bucólico sobre la planicie que ya se empieza a sentir como un hogar provisorio. Los cerdos se quejan dentro de las celdas de madera, las orejas cubriéndoles los ojos, como si tuvieran miedo de ver. Un corderito bala desde la oscuridad de su cobertizo. La luna llena y brillante. Su linterna parpadea y muere. Agitándola para que vuelva a funcionar, se da cuenta de que ve mejor sin ella. La luz nocturna le recuerda las imágenes sub-expuestas de las películas en donde se simula que el día es noche. Sus cuerpos proyectan sombras. Cuando les comenta esto a los chicos, todos se sorprenden encantados. En su ciudad, el brillo de los rascacielos tapan la luna, su luz es barrosa, casi sin efecto. Los tres comienzan a jugar con sus propias sombras, levantando los brazos y moviéndose de un lado a otro. Afilados, los perfiles de los cerros oscurecen la vista del mar.</p>
<p>El amor que siente por este lugar es como cualquier clase de amor, se da cuenta. Imposible de percibir sino es por algo que pase, algún evento, algo que refresque los ojos. Inclusive una desilusión desgarradora, observa, puede incrementar no el amor, pero sí su percepción de él.</p>
<p>“Cuanto miden esas montañas,” pregunta el más grande, seis años.</p>
<p>“Como mil pies”, lanza.</p>
<p>“Mamita, te dije que las montañas <i>no tienen pies!</i>”<i> </i>le grita el más chico.</p>
<p>Al final llegan a la quinta reseca del padre de Margalida. Detrás de las siluetas de los olivos la casa está a oscuras. Margalida ha mencionado que el padre nunca le habló de su madre luego de la trágica muerte. Nunca le dijo a su propia hija cuál era el color de ojos de la madre, ni ha señalado algo que puedan compartir, como una risa parecida La única foto que Margalida tiene de su madre es en blanco y negro. Su padre le dijo que si hablaba de ella sus propios recuerdos se desvanecerían. “Trata de mantenerla cerca, así su herida no cicatriza”, dice. “Tiene miedo de que si se cierra esa lastimadura, la perderá.”</p>
<p>Sigue siendo, dice, “un acaparador de recuerdos.”</p>
<p>Se pregunta si su marido no está haciendo algo parecido al quejarse de su propio dolor, como una especie de mecanismo para esquivar el <i>suyo, </i>para así, sin percatarse, permanecer su prisionera.</p>
<p>El día anterior, cuando vino a cenar, Margalida reconoció que le gustaría que su padre vendiera la quinta a los alemanes. “Podrían construir otro de esos hoteles de mierda”, dijo con ironía. Un vecino había convencido a Margalida de que un negocio asi sería equivalente a las ganancias de 50 años de venta de pavos en el mercado del pueblo.</p>
<p>El viento seco trae un olor fuerte de estiércol. La casa oscura parece embrujada. El parto fue en la casa, le contó Margalida. Mientras mira a través de las ramas deformes de los olivos que enmarcan las ventanas de la casa, se imagina a Margalida de chica, creciendo con un padre devorado por la pena. También imagina a las chicas en el colegio preguntándole dónde estaba su madre, la más atrevida haciendo “Shhhh…” el resto quedándose calladas. Ve al padre de ojos azules, reservado en su dolor, ofreciendo huevos y pavo recién carneado con las palabras “Que vaya bien”, que aproveche. También lo ve colgando la ropa a secar, lavando los platos—discretamente, porque allí todavía es considerado tarea de mujeres, y hay tantas mujeres que quisieran tomar ese lugar—, mientras Margalida es todavía demasiado niña para ayudar, aunque es probable que nunca le hayan salido bien esas tareas.</p>
<p>Se lamenta que Margalida no esté en la casa, le hubiera gustado despedirse de ella. Sus manos están frías, se las refriega, un poco esperando que sus hijos le lean la mente, que sientan su dolor, que no es ni más ni menos que el de cualquiera, por cierto. Se pregunta si ver la casa de Margalida—donde un bebé recibía chirlos de vida mientras una madre se desangraba hasta morir—podría incitar al más mayor de sus hijos a perseguir nuevas definiciones de la tragedia, más allá del diente infectado, o si el más chico mencionará la muerte, la posibilidad de perderla a ella.</p>
<p>Pero acaban de encontrar su pavo preferido.</p>
<p>“Paaaa-vo, paaaa-vo” el más chico lo llama despacio, cariñoso.</p>
<p>“Gggguuuu- gggguuuu- gggguuu” responde el pavo, nervioso.</p>
<p>Este pavo no es como los de su país, gordos y con la cola de plumas en perfecto y coqueto despliegue. Este luce desaliñado y adolece de algo que parece sarna, le faltan plumas. Su perfil negro se mueve entre los yuyos altos.</p>
<p>“Paaaa-vo, paaaa-vo” el más grande susurra, llamándolo una vez más, extendiendo la mano.</p>
<p>“Gggguuuu- gggguuuu- gggguuu”, dice.</p>
<p>Una y otra vez lo repiten, los chicos dicen “Paaaa-vo, paaaa-vo”, en corito, alternándose entre los dos, y el pavo, contento, les devuelve un “Gggguuuu- gggguuuu- gggguuu”, hasta que los tres ríen descontrolados, los estómagos acalambrados, mientras se desploman sobre los yuyos ásperos.</p>
<p style="text-align: center;"> * *</p>
<p><em>Imagen: <a href="http://www.luciavassallo.com/" target="_blank">Lucía Vasallo</a><br />
</em></p>
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		<title>Sin olas</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 00:51:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">Lincoln Michel
traducción de Pablo Ambrogi</p>
<p>El viento salado azotaba la cara de Silas Madero, pero su hija no aparecía. Siempre le hacía esas cosas.</p>
<p>Silas entró de nuevo a la estación. Se secó el cuello y la cara con servilletas del puesto de café. Le dolía la pierna. Se sentó en una silla y miró el menú. Los médicos le habían dicho que no podía tomar café espresso ni nada ácido. Se preguntó si en este país de mierda habría algo decente que pudiera comer.</p>
<p>Un tipo con traje a medida abría y cerraba un portafolios de cuero. Silas dedujo que era de la mafia, y que en el portafolios había drogas o plata o dedos meñique.</p>
<p>Trató de recordar por qué el casamiento era en Italia. Alguien de alguna rama de la familia de este dentista de mierda debe ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/04/sin-olas/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Tufts-by-PO.png"><img class="alignnone size-full wp-image-1652" alt="Tufts_PO" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Tufts-by-PO.png" width="581" height="583" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Lincoln Michel</em><br />
<em>traducción de</em> <em>Pablo Ambrogi</em></p>
<p>El viento salado azotaba la cara de Silas Madero, pero su hija no aparecía. Siempre le hacía esas cosas.</p>
<p>Silas entró de nuevo a la estación. Se secó el cuello y la cara con servilletas del puesto de café. Le dolía la pierna. Se sentó en una silla y miró el menú. Los médicos le habían dicho que no podía tomar café espresso ni nada ácido. Se preguntó si en este país de mierda habría algo decente que pudiera comer.</p>
<p>Un tipo con traje a medida abría y cerraba un portafolios de cuero. Silas dedujo que era de la mafia, y que en el portafolios había drogas o plata o dedos meñique.</p>
<p>Trató de recordar por qué el casamiento era en Italia. Alguien de alguna rama de la familia de este dentista de mierda debe haber nacido acá.</p>
<p>Silas arrastró la valija a la calle. Subió a un taxi y trató de pronunciar el nombre de la <i>villa</i>. El taxista se volvió hacia él. Silas lo dijo de nuevo, más fuerte, y señaló una hoja que había impreso antes de salir.</p>
<p>“¿Cuánto?”</p>
<p>“Treinta Euro.”</p>
<p>Estaban bordeando una colina que miraba a una playa de piedras.</p>
<p>“¿Qué?” dijo Silas. “No voy a pagar treinta dólares para ir hasta el pueblo.”</p>
<p>“Euros. No dólar.”</p>
<p>“Me estás jodiendo. Es ahí arriba de la loma.”</p>
<p>“¿Quiere caminar?”</p>
<p>El taxista sonrió y frenó el auto. Silas bajó y sacó la valija del baúl.</p>
<p>“Okay,” dijo el taxista, apoyado sobre la ventanilla. “Para tú veinte.”</p>
<p>Silas gruñó y se corrió al costado del camino. El taxista esperó un minuto y al final se encogió de hombros. Hizo una vuelta en U y volvió hacia abajo, a la estación. Silas sacó su hoja impresa y miró el mapa. Empezó a caminar, cuesta arriba, con su bastón adelante y su valija detrás. Tenía ruedas, pero no funcionaban bien en el pasto.</p>
<p>Silas pensó qué enojada iba a estar su hija porque no la había esperado, y qué enojado estaba él porque ella no lo estaba esperando, y porque estaba subiendo la loma a pie con una pierna renga. Se preguntó quién sería el más enojado en los próximos días.</p>
<p>Una rueda de la valija pegó contra una piedra y se salió. La valija se ladeó, se zafó de la mano de Silas y cayó al piso. El camino seguía subiendo por un buen trecho. Habían pasado sólo cinco minutos y ya sentía el peso del sudor sobre la camisa. .</p>
<p>“Mierda,” dijo Silas. Le pegó un bastonazo a la valija y caminó hasta una escalera vieja que bajaba a la playa. Se agarró de la baranda de hierro con una mano y manejó el bastón con la otra. Le llevó veinte minutos llegar a la playa de piedras.</p>
<p>Cuando llegó hasta abajo todo el mundo estaba desnudo. Sólo unos chicos que corrían detrás de  una pelota verde tenían trajes de baño. Se sentó en una gran roca cerca de la escalera. Una mujer a unos diez metros estaba untando las nalgas de un hombre con aceite bronceador. Silas alcanzaba a ver  los pelos gruesos que salían de la raya.</p>
<p>Silas sintió enojo y excitación. Miró la multitud de pechos,  aplanados y aceitosos. Todos los pezones eran  oscuros. Sintió la garganta seca y metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña cámara.</p>
<p>Un hombre alto de pelo enrulado escondido bajo una gorra de béisbol corrió hacia él.</p>
<p>“No, no,” dijo el hombre. “Nessun foto.”</p>
<p>Estaba vestido y llevaba una bandeja con vasos vacíos. Tenía un anotador en la otra mano.</p>
<p>“Cuánto sale una coca diet?” Silas se lamió los labios.</p>
<p>“No, no, no. Nessun foto.” El tipo movía el dedo estirado. Silas guardó la cámara en el bolsillo.</p>
<p>“¿Cuánto per una coca diet?”</p>
<p>El tipo ahora movía la cabeza. “Vuoi dire?”</p>
<p>“Uh, dejá,” dijo Silas. Se recostó y cerró los ojos. El aire caliente, salado, se movía sobre él. Cuando abrió los ojos había una nena mirándolo. Tendría doce años.. Tenía puesta una bikini azul en dos tonos y grandes anteojos de sol.</p>
<p>“¿Argentino?” dijo.</p>
<p>“¿Perdón?”</p>
<p>“Me di cuenta.” Se sentó a un par de metros de él, mirando las olas. “Me gusta practicar español.”</p>
<p>La playa era de piedras y a Silas le dolían las piernas y el culo. La chica era igual a su hija cuando era adolescente, al menos como él la recordaba. Con la misma chispa.</p>
<p>“Parece enfermo. ¿Va bien” La chica presionó la frente de Silas con el  reverso de sus dedos finos.</p>
<p>“¿Cómo?” le dijo. “No tenés padres?”</p>
<p>“Son dormidos.” Señaló dos personas acostadas boca arriba. Desde el ángulo de visión de Silas parecían dos matas de pelo oscuro unidas a cuerpos indeterminados. Silas podía distinguir sólo los dedos de los pies y otras dos matas de pelo, de una de las cuales asomaba como un rulo un pequeño pene.</p>
<p>“Espera,” dijo la chica. Se paró y fue hasta donde estaban durmiendo sus padres. Volvió con una copa de vino oscuro. El vino estaba caliente, pero era espeso y le mejoró la garganta. Le dedicó a la chica una mirada examinadora</p>
<p>“No deberías hablar con extraños.”</p>
<p>“Está bien. Aprendi cosas nuevas.”</p>
<p>“No tienen pedófilos en Italia?”</p>
<p>La chica lo miró extrañada y le preguntó su nombre. Trató de pronunciarlo y le dijo que sonaba raro y él gruñó.</p>
<p>“Mio nombre es Portia,” dijo ella.</p>
<p>“Bueno,” dijo él.</p>
<p>“¿Por qué  la ropa?” La chica señalaba los cuerpos desnudos como una vendedora.</p>
<p>Silas terminó el vino. Hacía tanto calor que sentía que la ropa se le había derretido sobre el cuerpo. Algunos de los tipos desnudos los miraban y murmuraban. Se preguntó si en este país de campesinos estar vestido te hacía parecer un pervertido. Silas puso el reloj y la billetera en sus zapatos y los cubrió con las medias y después cubrió a éstas con los pantalones. La chica estaba acostada boca arriba y parecía tener los ojos cerrados. Él se sacó la ropa interior sin pararse y la enrolló en el bolsillo de sus pantalones.</p>
<p>Su piel parecía transparente. Sabía que se quemaría rápido. La gente todavía lo miraba, pero ya no murmuraba. Se acostó boca abajo con la camisa bajo la ingle y la panza.</p>
<p>“¿Cúanto tiempo in Italia?” La chica se sentó y lo miró.</p>
<p>“Con suerte no mucho.”</p>
<p>Las rocas calientes y la arena y el polvo se le clavaban en la piel. Podía sentir el viento fresco moviéndose sobre sus nalgas.</p>
<p>“¿Dónde vienes?”</p>
<p>“Buenos Aires.”</p>
<p>“Ah,” ¡Gauchos!”</p>
<p>“No,” dijo. “No gauchos.”</p>
<p>Giró sobre su espalda y se puso la camisa sobre la ingle. Arriba, sobre el acantilado, podía ver gente moviéndose. Gritaban. Entrecerró los ojos para ver, y después se dió vuelta.</p>
<p>“¿Cómo está el agua?”</p>
<p>Miró los cuerpos tostados de los desconocidos, entrando y saliendo de las olas.</p>
<p>“Muy buena. Siempre buena in Italia.”</p>
<p>Ahora dos personas bajaban por la escalera. Una llevaba su valija rota. La gente en la playa se daba vuelta para mirar. Una mujer se paró delante de él, y Silas pudo ver sus labios secretos debajo del pelo.</p>
<p>“Me voy a meter,” dijo Silas.</p>
<p>“¿Qué grita esa mujer?”</p>
<p>“Parece loca.”  Silas sintió fluir por sus huesos un agobio insoportable. No quería lidiar con esto, ni ahora ni nunca.</p>
<p>“Pará,” dijo la chica. “<i>Sin-olas</i>. ¡Así te llamas!</p>
<p>Su hija seguía bajando y gritando. Silas se paró con ayuda del bastón.</p>
<p>“Escapémonos,” dijo. “Escuchá cómo grita. ¡Debe ser una loca!”</p>
<p>Miró hacia las olas. El agua era azul brillante y parecía buena hasta para tomar. Silas quería adentrarse hasta que el agua le pase por arriba de la cabeza. Podía quedarse ahí en las profundidades tibias, con los peces y las algas, suspendido por el mar brillante, ahogados todos los sonidos de la tierra.</p>
<p style="text-align: left;">Agarró con fuerza la mano de la chica y empezó a caminar hacia el agua.</p>
<p style="text-align: center;">
* *</p>
<p style="text-align: left;"><em>Imagen: Pola Oloixarac</em></p>
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		<item>
		<title>John Freeman</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/04/john-freeman-es/</link>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 05:50:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[New York @es]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">traducción de Valeria Meiller</p>
<p>EL CALOR</p>
<p>Como cuando de noche el canto
del corazón se volvía
un tictac silencioso
y el pasto salvaje
se ponía azul después verde
después negro, las ramas
altas se distendían
y golpeaban amables mi
mosquitero, así
la mujer de pelo oscuro
años después, arañaría
para que la dejen entrar.</p>
<p style="text-align: center;">**</p>
<p>IGNORANTE</p>
<p>Tu padre nació después del temblor y del fuego.
Trabajó a los cuatro, enterró a su madre a los seis.
Los veranos juntó ciruelas en el valle,
con el sol dejando marcas en sus estrechos hombros.
Perdió un ojo. Se voló el tímpano izquierdo
en un accidente en una planta de embalaje. Estas cosas
eran lo esperable.</p>
<p>Nunca hizo amigos. Eran un lujo
que no podía permitirse. Fumó por una década,
en la universidad, cuando trabajaba tiempo completo
de maestro. Las noches las dedicaba a los números. Encontró
placer en la disposición ordenada del mundo
conocido. Fuiste un regalo, nacido al final de la
depresión, para su ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/04/john-freeman-es/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/SFB_Freeman.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1656" alt="SFB_Freeman" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/SFB_Freeman-1024x688.jpg" width="1024" height="688" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>traducción de Valeria Meiller</em></p>
<p>EL CALOR</p>
<p>Como cuando de noche el canto<br />
del corazón se volvía<br />
un tictac silencioso<br />
y el pasto salvaje<br />
se ponía azul después verde<br />
después negro, las ramas<br />
altas se distendían<br />
y golpeaban amables mi<br />
mosquitero, así<br />
la mujer de pelo oscuro<br />
años después, arañaría<br />
para que la dejen entrar.</p>
<p style="text-align: center;">**</p>
<p>IGNORANTE</p>
<p>Tu padre nació después del temblor y del fuego.<br />
Trabajó a los cuatro, enterró a su madre a los seis.<br />
Los veranos juntó ciruelas en el valle,<br />
con el sol dejando marcas en sus estrechos hombros.<br />
Perdió un ojo. Se voló el tímpano izquierdo<br />
en un accidente en una planta de embalaje. Estas cosas<br />
eran lo esperable.</p>
<p>Nunca hizo amigos. Eran un lujo<br />
que no podía permitirse. Fumó por una década,<br />
en la universidad, cuando trabajaba tiempo completo<br />
de maestro. Las noches las dedicaba a los números. Encontró<br />
placer en la disposición ordenada del mundo<br />
conocido. Fuiste un regalo, nacido al final de la<br />
depresión, para su esposa alemana –ignorante de<br />
los escombros de los que emergiste.</p>
<p>Eras un chico entre los muchos miles de árboles<br />
de Sacramento. Importado para darle a un pueblo<br />
del valle desierto algo de sombra. A los dieciséis<br />
te dieron un Chevy  57, que volcaste dos veces<br />
volviendo de partidos de fútbol. Nunca<br />
te quitaron la licencia. Era demasiado fácil<br />
arreglar esas cosas. Tu padre,<br />
en pleno ascenso hacia la cima sofocante de su<br />
inesperada carrera, no fue a ver tus partidos.</p>
<p>Tuviste que aprender el dolor del fracaso<br />
sin ser observado. Davis, después Berkeley, después<br />
el seminario, donde, entre homosexuales de closet<br />
y penitentes angustiados, sentiste, en Dios,<br />
la sensación familiar de los golpes del abandono.<br />
Te fuiste, trabajaste como guardia<br />
cárcel con adolescentes presos<br />
por duelos a cuchillo o peleas en bares.<br />
Un año. Tu visión periférica y tu paso<br />
ágil se acomodaron, pero nunca se suavizaron.</p>
<p>Nosotros nacimos en Cleveland, donde te mudaste<br />
para cursar aún más estudios, y donde sentiste el sumidero<br />
desarrollarse. Mi madre, tierna como una enfermera joven,<br />
de una familia terrateniente de Ohio que<br />
pagaba sus tarjetas de crédito. Vivías en el gueto,<br />
usabas botas con cierre y manejabas un Mustang 69 tuneado.<br />
El ladrillo que te tiraron por la cabeza desde un colectivo<br />
te recordó – podías ser un extranjero, pero tu<br />
piel era blanca.</p>
<p>Llevó años concebir. Tu gratitud por los niños<br />
inmensa. De noche, en Long Island, y después<br />
Pennsylvania, tus labios en nuestras cabezas, eran<br />
tan suaves que pasaban inadvertidos. Dormíamos de corrido.<br />
No recuerdo haber cenado después de las seis ni una vez.<br />
Nuestra mayor queja, la espera antes de poder<br />
correr hacia la oscuridad húmeda que caía, para escuchar<br />
golpear la pelota contra nuestros guantes nuevos.</p>
<p>Treinta años después de tu partida volvimos a Sacramento.<br />
Tu madre había muerto hace mucho tiempo. Tu padre estaba<br />
viajando por el mundo hacía dos décadas. El sol caía<br />
sobre nuestras espaldas en el club de nado, dejando<br />
manchas abrasadoras en nuestros anchos hombros. Entrenamos<br />
como atletas profesionales. Ninguno de nosotros falló.<br />
Nos proveíste en tu pobreza artificial adoptando<br />
un presupuesto actuarial. Todo<br />
sería registrado. Empezamos a trabajar<br />
antes de nuestro cumpleaños número diez.</p>
<p>Nos despertábamos con la niebla, con los radio-relojitos<br />
pasando los cuarenta top hits. Caminábamos dormidos hasta el garaje,<br />
iluminado por la lámpara de carbón, donde a las cinco te parabas<br />
contando periódicos, sacados de sus envoltorios<br />
plásticos como noticias recién nacidas. Salíamos<br />
pedaleando a la neblina como volviendo al sueño.<br />
El único sonido el chirrido y los cracks de nuestras<br />
bicicletas asmáticas.</p>
<p>En mitad de nuestra ruta, los bolsos como senos<br />
caídos sobre el pecho, nos encontrábamos con tu auto,<br />
baúl abierto, música clásica ventilando el silencio.<br />
Una barco liviano atracaba entre los palmares<br />
de un barrio indiferente. Vos nos dabas<br />
otros cuarenta periódicos, en un paquete rápido<br />
y tosco para que nunca termináramos después de<br />
las seis. Me llevo demasiado tiempo entender que esto<br />
era amor.</p>
<p style="text-align: center;">**</p>
<p>OSLO</p>
<p>Ya estuve acá<br />
antes, los hoteles<br />
en la luz azulada,<br />
plazas de hielo.<br />
A la salida de<br />
la ópera los neumáticos<br />
de los taxis crujen<br />
sobre el pavimento<br />
de sal, las primeras<br />
partidas. Empiezo<br />
una carta describiendo<br />
todo, sabiendo que vos<br />
nunca vas a verlo. Después,<br />
estoy ahí entre<br />
los que van a diario al trabajo<br />
y, por un instante,<br />
es como si<br />
estuvieras acá. El hielo,<br />
las luces, el saber<br />
marchito del viento.<br />
Pasaron dos años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Imagen: <a href="http://sofiafloresblasco.tumblr.com/" target="_blank">Sofía Flores Blasco</a></em></p>
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