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	<title>the Buenos Aires Review &#187; Tiempo recobrado</title>
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	<description>Arts &#38; Culture</description>
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		<title>LOS GRANDES ÁRBOLES. Un relato sobre Juno.</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2013 19:30:21 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo recobrado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">Paul Scheerbart 
traducción de Mariana Dimópulos</p>
<p>Los grandes árboles iban sacudiendo cada vez más fuerte en el aire sus largas ramas, sin poder calmarse de ningún modo; querían saber a cualquier precio lo que habían sido en otros tiempos, cuando aún no tenían esos brazos de ramas.</p>
<p>El asteroide Juno era un disco grueso y redondo –tenía el aspecto de una gran torta terrestre; el diámetro de esta torta no llegaba siquiera a los doscientos kilómetros, el grueso era a lo sumo de cinco– pero así de grueso era sólo en el centro, hacia los bordes se iba haciendo cada vez más delgado.</p>
<p>Juno estaba habitado únicamente por seres arbóreos enormes, cuyas raíces se entrelazaban en el medio de la estrella. Y estos árboles se alzaban muy alto hacia el éter –en el centro casi cien kilómetros hacia arriba– tanto ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/los-grandes-arboles-un-relato-sobre-juno/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Paul_Scheerbarth.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3855" alt="Paul Scheerbarth" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Paul_Scheerbarth.jpg" width="1576" height="1891" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Paul Scheerbart </em><br />
<em>traducción de Mariana Dimópulos</em></p>
<p>Los grandes árboles iban sacudiendo cada vez más fuerte en el aire sus largas ramas, sin poder calmarse de ningún modo; querían saber a cualquier precio lo que habían sido en otros tiempos, cuando aún no tenían esos brazos de ramas.</p>
<p>El asteroide Juno era un disco grueso y redondo –tenía el aspecto de una gran torta terrestre; el diámetro de esta torta no llegaba siquiera a los doscientos kilómetros, el grueso era a lo sumo de cinco– pero así de grueso era sólo en el centro, hacia los bordes se iba haciendo cada vez más delgado.</p>
<p>Juno estaba habitado únicamente por seres arbóreos enormes, cuyas raíces se entrelazaban en el medio de la estrella. Y estos árboles se alzaban muy alto hacia el éter –en el centro casi cien kilómetros hacia arriba– tanto de un lado de la torta como del otro. Pero hacia el borde se iban haciendo cada vez más pequeños, de modo que la estrella entera, vista de lejos, daba la impresión de un cuerpo esférico.</p>
<p>Las ramas de estos seres arbóreos no eran tan duras como las de los árboles terrestres; los seres de Juno podían mover sus miembros tan ágilmente en todas las direcciones como si fueran serpientes de cascabel. Muchas de estas ramas serpentinas, móviles y más pequeñas, asomaban de los troncos principales. Y las puntas de las ramas tenían, en lugar de hojas y flores, unos órganos táctiles muy complicados con los que los junianos percibían innombrable cantidad de cosas en el aire y en el éter, también algunas muy lejanas, de modo que en Juno nadie echaba de menos los ojos o los oídos terrestres.</p>
<p>Cuando los junianos hablaban entre ellos no se oían, por supuesto, sonidos claros; si hubiera habido allí algún oído, habría notado un suave crujido bajo las cortezas de los árboles. Sin embargo, en Juno se entendían muy rápidamente y sin esfuerzo alguno.</p>
<p>En las copas más altas de los gigantes arbóreos, si el juniano así lo quería, solían formarse amplios globos; parecían flores, y eran capaces de alzar en un par de segundos –a menudo varios kilómetros– la rama correspondiente hacia arriba.</p>
<p>Estos globos relucían como si tuvieran dentro una luz eléctrica; pero los junanios no veían estas luces, puesto que no tenían ojos.</p>
<p>Los órganos mentales estaban alojados en las raíces de estos árboles gigantes.</p>
<p>Y con esos órganos mentales, que procesaban impresiones táctiles de gran complejidad, los junianos meditaban sin cesar sobre su pasado; estaban firmemente convencidos de que en otros tiempos habían tenido una vida enteramente distinta.</p>
<p>Pero no podían recordarla; no importaba cuánto fueran sacudiendo en su busca los brazos de astas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Además de los órganos táctiles, los junianos incluían en sus cortezas muchísimos poros, que también tenían carácter de órgano y una gran similitud con las narices de los animales de la Tierra.</p>
<p>La mayoría de los junianos no prestaba demasiada atención a estos poros olfativos.</p>
<p>Solo los junianos mayores, que en el medio de la estrella podían alzar sus miembros hasta casi cien kilómetros, habían desarrollado sus narices de poros.</p>
<p>Y un día el gran juniano del medio habló así al otro que se estiraba debajo, también cien kilómetros, desde el otro lado de la estrella:</p>
<p>–¡Querido antípoda! Creo que mi capacidad de recuerdo se transforma cuando pienso únicamente en mis narices de poros y olvido por un momento los órganos táctiles en las puntas de los dedos de mis ramas.</p>
<p>Y entonces el antípoda dijo que a él le pasaba exactamente lo mismo.</p>
<p>Y algo crujió bajo sus cortezas.</p>
<p>Y los otros junianos se admiraron por aquella animada conversación en el centro de la estrella.</p>
<p>Entonces los dos antípodas sintieron de pronto, en medio de Juno, un intenso olor que les hizo recordar algo antiguo, muy antiguo –no supieron de inmediato qué era– pero siguieron hablando cada vez más ardientemente, hasta que por fin uno de los antípodas anunció en su lengua de crujidos –había tantos en las cortezas de esas raíces– y fue sentido en todo Juno por cada juniano:</p>
<p>–Antípoda, percibo olor a asado en mis poros olfativos.</p>
<p>–¡Yo también! ¡Yo también! –exclamó el antípoda.</p>
<p>Y todos los junianos acercaron las ramas serpenteantes de sus miembros al centro de la estrella, de modo tal que, de pronto, Juno adquirió la forma de dos arreglos florales, una regla hacia arriba y otra hacia abajo; el borde de Juno quedó tan vacío como un aro.</p>
<p>–¡Huele a asado!</p>
<p>La frase recorrió todas las cortezas. Y en todas partes los crujidos eran fuertes.</p>
<p>–¿Qué querrá decir eso? –se preguntaban los junianos más pequeños, que no vivían lejos del borde y estaban habituados a pasar sus miembros más allá, al otro lado de la estrella.</p>
<p>–¡Olor a asado! –dijeron otra vez los dos antípodas del centro con toda claridad. Y todos los otros junianos abrieron sus poros olfativos y también dijeron, después de un rato:</p>
<p>–¡Olor a asado!</p>
<p>Entonces empezó una conversación tan animada que durante horas apenas si pudieron entender las propias palabras; por supuesto: palabras en el sentido terrestre no se &#8220;pronunciaba&#8221; ninguna.</p>
<p>De pronto los recuerdos de los junianos habían cambiado de orientación. Y la estrella entera se fue haciendo cada vez más animada, todos los globos brillaban como flores de colores, de modo que ahora realmente las dos partes de la estrella lucían como dos grandes arreglos florales.</p>
<p>Y finalmente uno de los antípodas del centro dijo para resumir:</p>
<p>–En efecto, queridos amigos, al fin lo hemos descubierto; en otros tiempos fuimos seres que tenían algo llamado boca. Y con estas bocas ingeríamos cosas que llamábamos asado. Sabemos también qué eran estos asados: ¡eran otros seres tostados al fuego! Digámoslo pronto: ¡antes nos comíamos los unos a los otros!</p>
<p>Este discurso fue seguido de unos &#8220;oh&#8221; y unos &#8220;ah&#8221; en forma de crujidos, y los junianos se doblaron todos hacia el borde, de modo que la estrella ya no daba la impresión de ser dos arreglos florales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Los antípodas del centro se estiraron alto en el aire, solos por completo; los otros habitantes de Juno se habían alejado.</p>
<p>Entonces todos oyeron la voz del segundo antípoda, quien dijo alto y claro:</p>
<p>–Queridos amigos, la historia no fue así de fácil. Cada uno de los gigantes arbóreos representaba un pueblo completo. Estábamos compuestos de muchísimos seres pequeños, minúsculos, que por momentos se enfrentaban llenos de odio y cólera. Y así fue que, cada tanto, se producía ese olor a asado. Pero sabemos ahora que estos pequeños pueblos viven todos reunidos en nosotros, y que ya no debemos dar ninguna importancia a que nuestros pequeños seres alguna vez se hayan combatido y cada tanto también se hayan comido mutuamente. Ahora todos esos seres pequeños están unificados pacíficamente en nosotros y tenemos pleno derecho a considerar nuestra vida pasada como una broma, así de pequeña también.</p>
<p>Después se oyó en Juno un crujido totalmente nuevo, que sonaba como una risa terrestre.</p>
<p>Y los junianos del borde dijeron:</p>
<p>–Nuestra vida pasada fue una bromita. Es lamentable que no hayamos convertido nuestra vida actual en una broma enorme.</p>
<p>–Ah –sonó desde el centro–, pero todavía podemos corregirlo.</p>
<p>Y así fue como lo corrigieron: empezaron a recordar cada vez más claramente su vida pasada, cuando representaban grandes grupos de pueblos. Entonces, para todos, esa vida pasada con sus odios –el salvajismo y las oposiciones– fue resultando cada vez más graciosa. Y no había forma de traer calma a Juno ante esa idea de que, antes, una vida con toda la discordia, la urgencia y el olor a asado hubiera sido tomada tan en serio.</p>
<p>–Y nosotros, ¿no nos tomamos nuestra vida actual de árboles gigantes, con nuestras raíces tan armónicas y entrelazadas, también demasiado en serio?</p>
<p>Esto se preguntaban muchos junianos.</p>
<p>Y hablaban de una vida posterior advirtiendo a todos: que se grabaran muy bien en la memoria lo que vivían ahora, para que más tarde no existieran esas largas épocas de búsqueda. Pues más adelante podrían surgir de vuelta tiempos de desavenencias; entonces sería muy importante que los tiempos del acuerdo también hubieran quedado fijos en el recuerdo. A fin de cuentas, lo principal era no olvidarse de lo cómico en todas las cosas.</p>
<p>–De verdad que es muy gracioso –opinaron de nuevo los junianos del borde– que haya habido tantas oposiciones entre nosotros. Ahora que hemos unido todas estas oposiciones en amistad, ya no entendemos que en aquel entonces tuvieran algo hostil entre ellas. Es posible vivir tan completamente en el otro que el otro ya no es un otro para nosotros. Creemos que pronto nos convertiremos, todos juntos, en un único gran ser unificado.</p>
<p>–¡No va tan rápido! –opinaron después los antípodas del centro.</p>
<p>–Y sería una pena –señalaron además otros junianos– si no pudiéramos disfrutar lo suficiente de nuestra situación armónica de hoy.</p>
<p>Y todos los junianos siguieron viviendo tranquilamente, gigantes arbóreos llenos de recuerdos, y los crujidos bajo sus cortezas a menudo sonaban muy alegres y muy claros.</p>
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		<title>Die großen Bäume. Eine Juno-Novellette.</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2013 02:43:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;"> Paul Scheerbart</p>
<p align="JUSTIFY">Die großen Bäume tasteten mit ihren langen Astarmen immer heftiger in der Luft herum und konnten sich gar nicht beruhigen; sie wollten durchaus wissen, was sie einst waren, als sie noch nicht Astarme hatten.</p>
<p align="JUSTIFY">Der Asteroïd Juno war eine dicke runde Scheibe &#8211; so wie ein großer irdischer Eierkuchen sah er aus; der Durchmesser dieses Kuchens betrug noch nicht einmal zweihundert Kilometer, dick war er nur in der Mitte, den Rändern zu wurde er immer dünner.</p>
<p align="JUSTIFY">Die Juno wurde nur von riesig großen Baum-wesen bewohnt, deren Wurzeln sich in der Mitte des Sterns durcheinanderschlangen. Sehr hoch ragten die Bäume in den Äther hinauf &#8211; in der Mitte fast hundert kilometer hoch &#8211; sowohl nach der einen Kuchenseite wie nach der andern. Aber nach dem Kuchenrande zu wurden die Bäume immer kleiner, so dass der ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/11/die-grosen-baume-eine-juno-novellette-2/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Paul_Scheerbarth.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3855" alt="Paul Scheerbarth" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/Paul_Scheerbarth.jpg" width="1576" height="1891" /></a></p>
<p style="text-align: right;"> <em>Paul Scheerbart</em></p>
<p align="JUSTIFY">Die großen Bäume tasteten mit ihren langen Astarmen immer heftiger in der Luft herum und konnten sich gar nicht beruhigen; sie wollten durchaus wissen, was sie einst waren, als sie noch nicht Astarme hatten.</p>
<p align="JUSTIFY">Der Asteroïd Juno war eine dicke runde Scheibe &#8211; so wie ein großer irdischer Eierkuchen sah er aus; der Durchmesser dieses Kuchens betrug noch nicht einmal zweihundert Kilometer, dick war er nur in der Mitte, den Rändern zu wurde er immer dünner.</p>
<p align="JUSTIFY">Die Juno wurde nur von riesig großen Baum-wesen bewohnt, deren Wurzeln sich in der Mitte des Sterns durcheinanderschlangen. Sehr hoch ragten die Bäume in den Äther hinauf &#8211; in der Mitte fast hundert kilometer hoch &#8211; sowohl nach der einen Kuchenseite wie nach der andern. Aber nach dem Kuchenrande zu wurden die Bäume immer kleiner, so dass der ganze Stern aus der Ferne gesehen doch den Eindruck eines Kugelsterns machte. <b>(67)<!-- Belén Agustina Sánchez: Anoto paginado --></b></p>
<p align="JUSTIFY">Die Äste der Baumwefen waren nicht so hart wie die Äste irdischer Bäume; die Junowesen konnten ihre Astglieder so leicht nach allen Richtungen bewegen, als wären’s Klapperschlangen. Viele bewegliche kleinere Schlangenäste ragten aus den Hauptstämmen heraus. Und die Spitzen der Äste hatten an Stelle der Blätter un Blüten sehr komplizierte Tastorgane, mit denen die Junonen unfäglich viele Dinge in der Luft und im Äther wahrnahmen &#8211; auch weit entfernte, so dass irdisches Auge und Ohr gar nicht entbehrt wurde auf der Juno.</p>
<p align="JUSTIFY">Wenn die Junonen zu einander sprachen, so vernahm man natürlich nicht helle Töne wär’ ein Ohr dagewefen, es hätte nur ein leises Knistern unter den Baumrinden bemerft. Trotzdem verständigte man sich auf der Juno sehr schnell und ohne Mühe. In den höheren Zweigen der Baumriefen bildeten sich oft, wenn es der Junone wollte, umfangreiche Luftballons; wie Blüten sahen sie aus, und sie hoben den Zweig rasch empor &#8211; oft viele Kilometer hoch &#8211; in ein paar Sekunden.</p>
<p align="JUSTIFY">Die Luftballons leuchteten, als hätten sie elektrisches Licht in sich; aber das Leuchten sahen die Junonen nicht, da sie ja keine Augen hatten. <b>(68)</b></p>
<p align="JUSTIFY">Die Denkorgane saßen in den Wurzeln der Baumriesen.</p>
<p align="JUSTIFY">Und mit diesen Denkorganen, die nur unsäglich komplizierte Tasteindrücke verarbeiteten, dachten die Junonen unablässig über ihre Vergangenheit nach: sie waren fest davon überzeugt, daß sie früher ein ganz anderes Leben geführt hatten.</p>
<p align="JUSTIFY">Aber sie konnten sich nicht an das andere Leben erinnern, so viel sie auch suchend mit ihren Astarmen in den Lüften herumtasteten.</p>
<p align="CENTER">***</p>
<p align="JUSTIFY">Außer den Tastorganen besaßen nun die Junonen in ihren Baumrinden sehr viele Poren, die auch Organcharakter und mit irdischen Tiernasen viel Ähnlichkeit hatten.</p>
<p align="JUSTIFY">Die meisten Junonen kümmerten sich nicht viel um ihre Porennasen.</p>
<p align="JUSTIFY">Nur die beiden größten Junonen, die in der Mitte des Sterns fast hundert kilometer hoch ihre Gliedmaßen aufrecken konnten, bildeten ihre Porennasen aus.</p>
<p align="JUSTIFY">Und do sprach eines Tages der große Junone der Mitte zu dem, der sich unter ihm nach der anderen Seite des Sterns auch hundert Kilometer hock aufreckte:</p>
<p align="JUSTIFY">„Lieber Antipode! Mir ist doch so, als wenn mein Erinnerungsvermögen ganz vermandelt wird, (69) wenn ich nur an meine Porennasen denke und die Tastorgane in meinem Astfingerspitzen momentan vergesse.<span style="font-size: medium;">“</span></p>
<p align="JUSTIFY">Da sagte der Antipode, dass es ihm genau so ginge.</p>
<p align="JUSTIFY">Und es knisterte unter ihren Baumrinden.</p>
<p align="JUSTIFY">Und die anderen Junonen wunderten sich über die Lebhafte Unterhaltung in der Mitte des Sternes.</p>
<p align="JUSTIFY">Un dann empfanden die beiden Antipoden in der Mitte der Juno plötzlich einen intensiven Geruch, der sie an etwas Altes &#8211; gans Uraltes erinnerte &#8211; sie wussten nicht gleich, was es war &#8211; aber sie sprachen immer heftiger zusammen, bis zuletzt der eine Antipode in seiner leisen Knistersprache sagte &#8211; in den Wurzelrinden knisterte es da &#8211; und es wurde fühlbar in der ganzen Juno für jeden Junonen:</p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Antipode, ich bemerke Bratengeruch in meinen Porennasen.”</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Ich auch! Ich auch!” rief der Antipode.</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Und alle Junonen näherten ihre Astschlangenglieder der Mitte des Sterns, so dass dieser plötzlich die Form zweier Blumenbuketts erhielt &#8211; ein Kegel nach oben und nach unten; der Junorand stand wie eine Manschette ganz leer da.</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Bratengeruch!” gings durch alle Baumrinden.</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Und es Knisterte überall sehr laut. (70)</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Was mag das wohl heißen?” fragten die kleineren Junonen, die nicht weitab wom Rande lebten und gewohnt waren, sehr oft mit ihren Schlangengliedern über den Rand hinüberzufaffen &#8211; zur anderen Seite des Sterns hinüber.</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Bratengeruch!” sagten die beiden Antipoden der Mitte noch einmal ganz deutlich. Und die anderen Junonen öffneten alle ihre Porennasen und sagten dann nach einer Weile auch:</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">Bratengeruch!”</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Nun entwickelte sich ein derartig lebhaftes Gespräch, dass man viele Stunden hindurch kaum sein eigenes Wort verstehen konnte; natürlich: Worte im irdischen Sinne wurden dabei gar nicht „gesprochen”.</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Die Erinnerungen der Junonen hatten plötzlich eine ganz neue Richtung bekommen. Und der ganze Stern wurde immer lebhafter &#8211; alle Luftballons glühten wie bunte Blumen, so dass jetzt tatzächlich die beiden Kegel des Sterns wie zwei riesige Blumenbufetts ausfahen.</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Und da sagte dann schließlich der eine der mittleren Antipoden &#8211; zusammenfassend:</span></p>
<p align="JUSTIFY">„<span style="font-size: medium;">In der Tat, liebe Freunde, wir habens endlich entdeckt; wir sind früher Wefen gewefen, die mit einem sogenannten Maule versehen waren. Und wir haben mit diesem Maule Dinde in (71) uns aufgenommen, die wir Braten nannten. Was diese Braten waren, wissen wir auch: es waren diese Braten andere im Feuer geröftete Lebewegen! Kurzum: wir haben uns früher gegenseitig aufgefressen!”</span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-size: medium;">Ein allgemeines Oh- und Ah-Geknister folgte dieser Rede, und die Junonen bogen sich alle nach dem Rande zu, so dass der Stern nicht mehr wie zwei Blumensträuße wirkte.</span></p>
<p align="CENTER"><span style="font-size: medium;">***</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Die Antipoden in der Mitte ragten hoch in die Lüfte &#8211; ganz allein; die anderen Junobewohner hatten sich von ihnen zurückgezogen.</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Da vernahmen alle die Stimme des zweiten Antipoden &#8211; der sagte laut un deutlich:</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Liebe Freunde, so einfach ist die Geschichte doch nicht gewesen. Jeder Baumriese stellte früher ein ganzes Volk vor &#8211; mir bestanden asus unfäglish vielen kleinen &#8211; winzig kleinen Lebewefen gegenübertraten. Und so kam’s zuweilen zum Bratengeruch. Jetzt merken wir aber, dass diese kleinen Völker alle zusamenn in uns vereint leben &#8211; und dass es gar nichts mehr zu bedeuten hat für uns, dass sich unsere kleinen Lebewesen frühermal befehdeten und auch zuweilen einander auffraßen. Jetzt find ja all (72) die Kleinen in uns friedlich vereint, und wir fin durchaus berechtigt, unser früheres Leben für einen kleinen Scherz zu halten”</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Danach hörte man auf der Juno ein ganz neus Geknister, das sich wie ein irdisches Lachen anhörte.</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Und die Randjunonen fagten:</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Unser Leben war früher ein kleiner Scherz. Es ist durchaus bedauerlich, dass wir unser jetztiges Leben nicht zu einem großen Scherz gemach haben.”</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Oh,” tönte es da aus der Mitte heraus, „das können wir nachholen.”</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Und sie holten es folgendermaßen nach: Sie erinnertensich an ihr früheres Leben, in dem sie ganze große Völkerscharen vorstellten, imeer deutlicher, und es kam allen immer wieder das damalige Leben mit all dem Hass &#8211; all der Wildheit und Gegensätzlichkeit &#8211; sehr spaßhaft vor. Und man konnte sich auf der Juno gar nicht darüber beruhigen, dass mann früher das ganze Leben mit all dem Zwift, Eifer und Bratengeruch so ernst genommen hatte.</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Nehmen wir auch nicht unser jetziges leben als Baumriesen, deren Wurzeln ganz harmonisch durcheinandergeschlungen sind, abermals zu ernst?” (73)</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Also fragten sehr viele Junonen.</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Und sie wiesen auf ein späteres Leben hin und ermahnten alle, doch ja das, as sie erlebten, recht fest in der Erinnerung zu behalten, damit nicht später abermals solche langen Zeiten des Suchens entstünden. Es könnten doch später auch wieder Zeiten der Uneinigkeit entstehen &#8211; und da wär’s doch so wichtig, wenn auch die Zeiten der Einigkeit fest in der Erinnerung haften blieben. Hauptfächlich dürfe man das Scherzhafte in allen Dingen ja nicht vergeffen.</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Es ist aber auch wirklich furchtbar drollig,” meinten da wieder die Randjunonen, „dass es früher so viele Gegenfätzte in uns freundlich wieder vereint haben, merken wir gar nicht mehr, dass sie ‘mal was Feindliches gegen einander hatten. Man kann so vollkommen auch im Andern leben, dass der Andere gar kein Anderer mehr für uns ist. Unsere Antipoden sind uns so vertraut. Wir glauben, dass wir bald alle zusammen nur ein eiziges großes Gesamtwesen sein werden”</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">So schnell geht das nicht!” meinten danach die Antipoden der Mitte.</span></p>
<p>„<span style="font-size: medium;">Es wäre auch schade,” bemerkten dazu einige andere Junonen, „wenn wir unsern gegenwär(74)tigen harmonischen Zustand nicht genügend auskosten könnten.”</span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Und alle Junonen lebten ruhig weiter als erinnerungsvolle Baumriesen, und das </span></p>
<p><span style="font-size: medium;">Knistern unter ihren RInden klang oft sehr hell und luftig. (75)</span></p>
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		<title>Nuevas versiones de Machado en inglés</title>
		<link>http://www.buenosairesreview.org/es/2013/10/versiones-de-machado/</link>
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		<pubDate>Tue, 08 Oct 2013 19:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[heather]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo recobrado]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"></p>
<p style="text-align: right;">Antonio Machado
(las versiones de Daniel Evans Pritchard pueden leerse aquí)</p>
<p>ORILLAS DEL DUERO</p>
<p>Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.
______Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.</p>
<p>Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.</p>
<p>Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!</p>
<p>¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!</p>
<p>&#160;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&#160;</p>
<p>ERA UNA MAÑANA Y ABRIL SONREÍA</p>
<p>__Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
la ... <a href="http://www.buenosairesreview.org/es/2013/10/versiones-de-machado/">Leer más &#187;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/antonio-machado-1-copy.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-3654" alt="Machado" src="http://www.buenosairesreview.org/wp-content/uploads/antonio-machado-1-copy.jpg" width="918" height="696" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>Antonio Machado<br />
</em><em>(las versiones de Daniel Evans Pritchard pueden leerse <a href="http://www.buenosairesreview.org/2013/10/covers-of-antonio-machado/">aquí</a>)</em></p>
<p>ORILLAS DEL DUERO</p>
<p>Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.<br />
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,<br />
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,<br />
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.<br />
<span style="color: #ffffff;">______</span>Es una tibia mañana.<br />
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.</p>
<p>Pasados los verdes pinos,<br />
casi azules, primavera<br />
se ve brotar en los finos<br />
chopos de la carretera<br />
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.<br />
El campo parece, más que joven, adolescente.</p>
<p>Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,<br />
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,<br />
y mística primavera!</p>
<p>¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,<br />
espuma de la montaña<br />
ante la azul lejanía,<br />
sol del día, claro día!<br />
¡Hermosa tierra de España!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ERA UNA MAÑANA Y ABRIL SONREÍA</p>
<p><span style="color: #ffffff;">__</span>Era una mañana y abril sonreía.<br />
Frente al horizonte dorado moría<br />
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,<br />
cual tenue ligera quimera, corría<br />
la nube que apenas enturbia una estrella.<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br />
Como sonreía la rosa mañana,<br />
al sol del oriente abrí mi ventana;<br />
y en mi triste alcoba penetró el oriente<br />
en canto de alondras, en risa de fuente<br />
y en suave perfume de flora temprana.<br />
<span style="color: #ffffff;">__</span>Fue una clara tarde de melancolía.<br />
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas<br />
de mi casa al viento&#8230; El viento traía<br />
perfumes de rosas, doblar de campanas&#8230;<br />
<span style="color: #ffffff;">__</span>Doblar de campanas lejanas, llorosas,<br />
süave de rosas aromado aliento&#8230;<br />
&#8230;¿Dónde están los huertos floridos de rosas?<br />
¿Qué dicen las dulces campanas al viento?<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br />
Pregunté a la tarde de abril que moría:<br />
—¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?<br />
La tarde de abril sonrió: —La alegría<br />
pasó por tu puerta —y luego, sombría—:<br />
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>SIESTA</p>
<p>Mientras traza su curva el pez de fuego,<br />
junto al ciprés, bajo el supremo añil,<br />
y vuela en blanca piedra el niño ciego,<br />
y en el olmo la copla de marfil<br />
de la verde cigarra late y suena,<br />
honremos al Señor<br />
—la negra estampa de su mano buena—<br />
que ha dictado el silencio en el clamor.<br />
<span style="color: #ffffff;">__</span>Al dios de la distancia y de la ausencia,<br />
del áncora en el mar, la plena mar&#8230;<br />
Él nos libra del mundo —omnipresencia—,<br />
nos abre la senda para caminar.<br />
<span style="color: #ffffff;">__</span>Con la copa de sombra bien colmada,<br />
con este nunca lleno corazón,<br />
honremos al Señor que hizo la Nada<br />
y ha esculpido en la fe nuestra razón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL CADALSO</p>
<p>La aurora asomaba<br />
lejana y siniestra.<br />
El lienzo de Oriente<br />
sangraba tragedias,<br />
pintarrajeadas<br />
con nubes grotescas.<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br />
En la vieja plaza<br />
de una vieja aldea,<br />
erguía su horrible<br />
pavura esquelético<br />
el tosco patíbulo<br />
de fresca madera&#8230;<br />
La aurora asomaba<br />
lejana y siniestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">* *</p>
<p style="text-align: left;"><em>Imagen <a href="http://www.ieturolenses.org/" target="_blank">via</a></em></p>
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